sábado, 25 de marzo de 2017

Aire fresco






Para esto sirven, o deberían servir, las instituciones culturales: para descubrir y compartir lo valioso que de otro modo no llegaría a quien es su destinatario natural. En este caso, el malagueño Centro Cultural de la Generación del 27 ha publicado De la palma al cerezo, la poesía reunida (1984-2014) de Ángel L. Montilla Martos. Para mí ha sido un total descubrimiento, pleno de acentos, temas y tratamientos diferentes.
     Montilla Martos ha reunido aquí sus epigramas, sus haikus sin ataduras, sus libros publicados, sus inéditos. Entre estos, una original colección, Cantos cetáceos, a la que pertenece "El lenguaje de las ballenas". Me resulta imposible no traerlo aquí entero, tan sugestivo y lleno de encanto:

Llegará el día en que algún sabio
provisto de sondas y paciencia,
desentrañe para siempre
el hermoso lenguaje de las ballenas.

Primero oirá palabras
simples, torpes, como "hola".

Luego armará sintagmas:
"La aurora del ártico",
"Las olas de octubre",
"El sabor de aquel plancton".

Más tarde desvelará oraciones
simples, unimembres:
"Qué hermosa la corriente del trópico",
"Es primavera en el polo".
Luego vendrán las completas:
"Tengo un arpón en el costado",
"En esa bahía nací",
"El agua de esta isla es muy salada".

Y por último, el mundo entero
conocerá la existencia de toda una retórica antigua
y que a más de mil pies de profundidad
existen poemas,
retruécanos submarinos,
rimas abisales,
encabalgamientos de espumas...
con que las madres cuentan a sus crías
cuentos de hombres que hablan
con cachalotes albinos.
Y habrá autores famosos
que recorran el océano
promocionando novelas
y en la saga de las sagas 
se contará la odisea 
de un cetáceo primigenio
que tenía piernas y alas
y que abandonó las arenas
por el útero sin límites
del mar o la mar, amén.

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