jueves, 16 de marzo de 2017

Biografías



Desde que se publicó la de Juan Eduardo Cirlot, y pronto hará un año de eso, son muchos los que me preguntan qué biografía escribiré a continuación. Parece que tras la de Cernuda y la de Cirlot debería intentar una de Cervantes, aunque solo fuera para no dejar esa laguna -¡ese inmenso océano- en el alfabeto. Un amigo, conociendo mis gustos literarios, y siguiendo el orden de la letra C, me insta a emprender la de Cunqueiro. Cierto es que me apetecería, pero no menos verdad es que creo que de momento es tarea que supera mis fuerzas.
     Hace unos días leí la biografía, una amplia semblanza escrita en menos de dos semanas, que César González-Ruano dedicó a Miguel de Unamuno. Se trata de su segunda edición (1953) que reproduce con algunos cortes en asuntos políticos la de 1930 y ofrece como posdata la muerte del autor de El sentimiento trágico de la vida, curiosamente (o no, porque se publicó durante el Régimen de Franco) omitiendo cualquier dato o noticia sobre la Guerra Civil y el tristemente célebre enfrentamiento con Millán Astray en Salamanca. Unamuno llena con su figuna unas páginas de una novela biográfica o biografía novelada de un notable personaje español del siglo XX que espero ver editada en breve. En el libro de Ruano sobre el ex rector salmantino, con quien mantuvo una entrevista antes de ponerse a redactar su obra, este brinda en cinco puntos lo que es su concepto de biografía. Los copio aquí, objeto de reflexión:

1º No hay nada más difícil que poner a un hombre en pie.

2º No es cuestión de técnica. Hay que llevar el sentimiento de la biografía dentro, más aún, sacar el personaje de uno mismo.

3º A mí me parece igual que el biografiado sea así o no lo sea. Hay muchas versiones históricas de un hecho. ¿Cómo fue la verdad? Eso es lo que menos importa. La verdad es siempre la del que mejor la haya creado.

4º La leyenda debe imponérsele al biografiado hasta el extremo de que él mismo ya no sepa cuál fue su realidad.

5º Se hace biografía hablando de la proyección intelectual de un hombre, situándole, viendo su época, su obra, sus contemporáneos, mejor que manejando fechas exactas, que no creo puedan interesar demasiado a nadie, ni el nombre de su abuelo, que, desde luego, no nos importa.