domingo, 19 de marzo de 2017

La gran ola





Hace algo más de diez años que dejé el mundo de la empresa, aquel lustro largo en el que, de ser el encargado de una pequeña librería de idiomas, pasé a dirigir una de las sucursales de la principal cadena del país, que forma a su vez parte del mayor grupo editorial español. Fue una salida forzada, pero mucho más buscada de lo que podría parecer. De aquella época recuerdo vivamente las sesiones de formación, de coaching, a la que los directivos nos veíamos sometidos en encuentros, convenciones y retiros tan "espirituales" como espirituosos. También, de las listas de ventas, el éxito descomunal de títulos como Quién se ha llevado mi queso y libros similares, que no solo despachamos a decenas sino que leí yo mismo con cierto escepticismo. Si es cierto que aprendí algunos trucos para un desempeño más eficiente y una gestión más capaz sobre todo del tiempo (que un solitario tiene poco margen de maniobra con los equipos), había en torno a ese mundo algo de embeleco, de palabrería que para alguien de letras, y para las letras, resultaba chocante.
     Daniel Ruiz García, que antes que novelista es empresario y profesional de la comunicación, conoce perfectamente el paño. Y con La gran ola ha escrito un vitriólico retrato de grupo de algunos de los que transitan por ese ámbito del coaching, pero también ha trazado un fresco de los entresijos del mundo comercial, con la competitividad, la doble moral, el encanallamiento de muchos. Realmente, casi nadie se salva en toda esta historia, en este catálogo de miserias. En mi opinión, sobra el deus ex machina del que al final de la novela es protagonista Ribera, un ventajista que se incorpora a la empresa de detergentes y productos de limpieza sobre la que gira la trama. Y eso porque no hacía falta para subrayar lo criticable de ciertos procederes y la oscuridad de algunos gurús que siempre tienen en la boca una larga lista de zarandajas muy bien expuestas en estas páginas. 
     Pero fuera de eso, el libro es estupendo y no solo como documento sociológico sino, lo que aquí importa, como obra literaria, con una narración fluidísima que va distribuyendo su atención entre los diferentes personajes y en una bien dosificada cadencia de capítulos que, literalmente, se beben (hay no poco alcohol en La gran ola, así como droga y otras adicciones, como la del sexo). Es un relato ágil, que pone el dedo en la llaga cuando tiene que hacerlo y llama a las cosas por su nombre: "La puta positividad, con sus bonitos amaneceres de powerpoint y sus frases new age y su filosofía de vídeo de dos minutos bajado de Youtube" (pág. 174). También se exhibe un manejo notable del suspense y la sorpresa, como esas palabras que Pepi, la novia de uno de esos comerciales, quiere tener con él. Lo que se suma a la insdiscutible calidad literaria. El jurado del Premio Tusquets así lo entendió y ahora Daniel Ruiz García es el último ganador de un premio que ya han obtenido, entre otros, Élmer Mendoza, Fernando Aramburu o Rafael Reig. 
     

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