martes, 25 de abril de 2017

Memoria de los poetas






En el transcurso del último año han muerto prematuramente tres poetas españoles muy queridos: Eduardo García, Adolfo Cueto y José Ignacio Montoto. Cierto es que nos dejan su obra, pero también, otra forma del consuelo, su huella cordial se hace sílabas en los poemas de otros que se vuelven hacia ellos y les ofrendan un recuerdo cariñoso. Alejandro Simón Partal acaba de publicar en Pre-Textos La fuerza viva, libro con el que obtuvo el Premio de poesía "Arcipestre de Hita" 2016. En el hermoso volumen, donde hay tantas muestras de cordialidad y sintonía con los otros, y estremecedores poemas dedicados a su padre, Alejandro se acuerda de Adolfo en "Notas al margen de su casa". Su segunda, bella estrofa:

Esta higuera cercana que da sombra
sin que nadie le exija fruto alguno,
estas toallas nuevas que sí secan,
los retratos de familiares que ya no están
y que más que estupor
                                    deducen paraísos.

domingo, 23 de abril de 2017

Un beso de Cunqueiro






Para celebrar el Día del Libro escojo una joyita. En el número 121-122 de la revista Turia, que dedica su habitual "Cartapacio" a Luis Landero, el escritor extremeño firma un hermoso artículo sobre detalles que se le han quedado en la memoria durante su ya larga vida de lector. Hay ahí finura, observación e inteligencia. Cierra esa serie, centrada en escenas eróticas, con un pasaje de Vida y fugas de Fanto Fantini, la novela de Cunqueiro, donde Landero halla "el beso más sutil y licencioso del que tengo noticias". Están los enamorados y el marido de ella, adormecido, sentados durante una comida. Y entonces:

Iban y venían las sonrisas y las miradas, los labios se abrían para decir y se quedaban mudos, las manos avanzaban a través de la mesa, buscando encontrarse, pero se quedaban a medio camino, disimulando su voluntad de caricia en el pie de una copa, o en una de las rosas que fingían una guirnalda en los manteles. Doña Cósima bebió un sorbo de malvasía, y vigilando los párpados cerrados de su señor y esposo, la fue empujando hacia el centro de la mesa. Hizo lo mismo Fanto con la suya. Cambiadas las copas, puedo decir que los dos amantes, por vez primera, se besaron, cristal de Murano por medio. El marido roncó estrepitoso, y su propio ronquido le despertó.


sábado, 22 de abril de 2017

Un poema reciente



ENCRUCIJADA

En un instante todo ha sucedido:
mis pasos, los de ella tan distintos.

Con prisa humana iba por la acera
donde a su propio ritmo andaba ella.

Aunque no la pisara, estuve a punto
de dejarla aplastada: nuestros rumbos

estuvieron a punto de chocarse.
De todos los milenios, esta tarde

se produjo el milagro en nuestras vidas.
De todo el universo, la avenida

testigo ha sido así del casi encuentro
de un roce y dos caminos en el tiempo.

No hubo cataclismo ni accidente
en esta encrucijada de dos seres,

pero un cambio muy extraño ha sucedido
pues ya somos los dos algo distinto:

ahora soy una hormiga que me marcho

de un hombre que se aleja de mi lado.

viernes, 21 de abril de 2017

Manuel Moya con Yeats (again)





En enero comentaba aquí un poema de Manuel Moya que era una versión libre de uno de Yeats. Viene aquí otro, ahora proveniente de A salvo (Premio de la XX Bienal de Poesía de León, col. Provincia de la Diputación de León). Este de ahora es una perífrasis  libre, y muy bien aclimatada en español, de "Down by the Sally Gardens":

POEMA PARA YEATS

Cada tarde nos encontrábamos
sobre la hierba húmeda.
Pisábamos despacio, como sin querar mancharla
con nuestros pasos.
Tú me decías que observase las cosas,
que atendiera a la forma
con que se doblan las ramas del peral
o la calma con que un vencejo flota
sobre la flor de la tarde.

Pero yo sólo quería estar contigo,
dentro de ti.

Sobre la hierba fresca nos encontrábamos.
En mi pecho desnudo apoyabas tu nuca,
mientras me decías que atendiese
a la forma de las nubes,
a cómo la brisa agitaba la hierba y las espigas.

Pero yo sólo quería, ay, estar contigo,
muy muy dentro, confundido en ti.

domingo, 16 de abril de 2017

Crónica




Con sus bandas de música, ahora el patio es la carrera oficial de los pájaros. Qué marchas espléndidas tocarán dentro de un rato cuando entren en el oscuro templo de las hojas hasta el año que viene; es decir, hasta mañana. Entretanto, qué rápido procesionan los mirlos. Cómo, nazarenillos locos, los gorriones se salen de su tramo y olvidan gorjeando toda penitencia.

sábado, 15 de abril de 2017

Novedades de La Garúa




Pasan por mis manos las últimas novedades de La Garúa: Mil y una muertes, de Corina Oproae; Última oda a Barcelona, de Lluís Calvo y Jordi Valls (en traducción de Joan de la Vega y Agustín Calvo Galán); Escribo hablando, de Cysko Muñoz; Grochowiak!, de J. A. Arcediano; Mono, de Marco Antonio Raya; Qué extraña ventana, de Laia Noguera... Propuestas diversas que todas, cada cual a su modo, desde lo sórdido a las batallas, evitan lo bonito y lo reputado falsamente como poético. Entre las citas, que no faltan, esta de Adam Zagajewski, tan oportuna: "el único argumento de peso contra la poesía sería la acusación de no buscar la verdad sobre el hombre ni el mundo, sino limitarse a recoger preciosidades -conchas y piedrecitas- en las playas del mundo."

viernes, 14 de abril de 2017

De aforismos



Alejandro Luque sacaba esto hace unas semanas en El Correo de Andalucía acerca del auge del género. Ahí estoy con algunos amigos.


jueves, 13 de abril de 2017

Una imagen de Carmen Ramos






Se publicó el pasado otoño Pequeño tratado de etología, de Carmen Ramos (Gibraleón, 1968). Se trata de un libro con cuarenta y cinco imágenes, como ella denomina a estos poemas, con un epílogo. Me ha interesado especialmente la VIII, efectivamente muy imaginista pero con un sentido del correlato que es más de Eliot que de Pound:

Una bolsa de plástico
ha quedado enganchada
eun una de las ramas
del árbol.

Lucha por zafarse, pero el viento
-el mismo viento que la trajo hasta aquí-
no la ayuda.

La inútil insistencia de los amores contrariados.

miércoles, 12 de abril de 2017

Prueba de autoría



Un gran escritor se distingue por la construcción de su prosa y, muchas veces también, por el humor, que no el chiste. Leyendo a Flannery O'Connor, hallo ambas cosas en su cuento "El río", donde un niño se encuentra con otros que le animan a asomarse a ver a unos cerdos que hay en una pocilga. Y escribe O'Connor, reservando el encanto, la ironía, la gracia, para el final de la frase, contagiada por la psique infantil: "Bevel had never seen a real pig but he had seen a pig in a book and knew they were small fat pink animals with curly tails and round grinning faces and bow ties." (Bevel no había visto nunca un cerdo de verdad, pero había visto uno en un libro y sabía que eran pequeños animales rosados y rollizos, con colas enroscadas y caras redondas y sonrientes, que gastaban pajarita).



martes, 11 de abril de 2017

Neologismos



Juan Ramón Jiménez creó muchos, y ay del escritor que no haya acuñado al menos uno. Hasta en la vida diaria los lanzamos, hijos a veces de la dislexia o de la prisa. Recientemente dos novedades han vuelto a poner sobre la mesa la actualidad de los neologismos. El primero de estos libros es Las aventuras de sir Tomas Browne en el siglo XXI, de Hugh Aldersey-Williams y traducción de Carlos Jiménez Arribas (Siruela), un ensayo que muestra la riqueza y complejidad de este inglés del XVII, tan admirado por Jorge Luis Borges o Javier Marías. A Browne le debemos palabras que ahora nos parecen corrientes pero que él se sacó de su magín, de su inteligencia. ¡Nada menos que 784! El segundo se trata de Almas rotas, novela de Nikos Kazantzakis en traducción de Mario Domínguez Parra (editorial Ginger Ape) y que incluye también un elevado número de neologismos, de los cuales el traductor ofrece un catálogo al final del volumen. Dice en un párrafo en que lo aclara: "a la hora de trasladar al castellano los neologismos acuñados en la presente por Kazantzakis, me he visto abocado a que, de alguna mnera, los términos que habían de servir de base y partida al neologismo se fusionaran, encontrasen una sílaba o letras que los uniera y que, de este modo, sus diferentes sentidos fluyeran en un nuevo vocablo, generando las más de las veces un acrónimo." Aquí van algunos:

alberceptible: albo + perceptible
altonar: alto + tonar
aurornado: áureo + ornado
bocolosal: boca + colosal
delicar: delicado + caer
dulceñir: dulece + ceñir
fragritar: fragor + gritar





Almas rotas, de Kazantzakis, en el centro del escaparate de la librería Palas (Sevilla)


lunes, 10 de abril de 2017

Interinidad


"Cada momento de la vida es interinidad, y ella en conjunto. Parece que venimos interinamente y a prueba, como los bufones o locos de los reyes."

José Moreno Villa, Pasado en claro (1944).

domingo, 9 de abril de 2017

En manos del aire






Joan de la Vega es montañero y editor de La Garúa. Acaba de publicar En manos del aire (Libros En Su Tinta, 2017), un volumen de poesía extenso e intenso, alto y profundo. Hay en él ascensiones a cumbres y meditaciones agudas, haikus bajo el título de "Flores del dharma", sucintos poemas en prosa y homenajes a amigos (entre ellos, el hace poco desaparecido Nacho Montoto). En medio de una poesía cada vez más urbanita se agradece la naturaleza salvaje y el aire limpio de las cumbres. Como contraste de lo abierto e inabarcable, lo breve, lo pequeño, lo entrañado:

solo en la tarde
todas las tardes

la luz que habla

sábado, 8 de abril de 2017

Padre





Sigo la trayectoria de Raúl Quinto desde que, miembro del jurado del Premio Andalucía Joven de Poesía, él lo ganó con La piel del vigilante (DVD, 2005). Ahora he leído su último libro, Hijo (La Bella Varsovia, 2017), una colección de prosas que no rehuyen la lírica y constituyen el testimonio del asombro de la paternidad y ese cambio radical en el hombre que la alcanza. Es un libro hermoso y profundo. Inevitable que el lápiz se fuera, para subrayarla, a esta línea, refiriéndose al hijo: "sus ojos cerrados abrieron los míos para siempre. Y vi por primera vez." 

viernes, 7 de abril de 2017

Temperatura



No se sabe cuál es la causa y cuál el efecto. Ese instante en el que uno está con la temperatura perfecta y, en armonía, el termómetro marca –¿copión?– los mismos grados.

jueves, 6 de abril de 2017

Palmeras de la brisa rápida



Publiqué recientemente en Estado Crítico esta lectura de Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán de Juan Villoro.

miércoles, 5 de abril de 2017

Coincidencia con Juan Malpartida



Fórcola ha publicado estos días Margen interno. Ensayos y semblanzas de Juan Malpartida. Hay ahí páginas sobre su maestro Paz, sobre Gil-Albert, sobre Borges, sobre Eliade, sobre Gómez Dávila. Encuentra uno algún juicio osado ("Hay poesía en las otras artes, porque la poesía no es privativa de la palabra, pero sospecho que sin las palabras no habría existido ni la música ni la pintura") y observaciones que, creo, dan en la diana ("Un adolescente es alguien que ha dejado de jugar y que necesita hacerlo, de otra manera"). Pero me ha llamado particularmente la atención un párrafo en que hallo una gran coincidencia con algo que expuse en una reciente conferencia sobre Juan Ramón Jiménez y que se publicará en un volumen colectico a la vuelta del verano. Yo fui ligeramente más tardío, y un año mayor que él atravesé la misma experiencia con otro poema del moguereño, curiosamente, también, con el protagonismo de los pájaros (ese "Cantan. Cantan. ¿Dónde cantan los pájaros que cantan?"). En la página 16 de Margen Interno, Malpartida evoca:

Yo escribí mi primer poema a los dieciséis años porque había leído otro, y no fue casualidad, sino azar necesario que fuera de Juan Ramóm Jiménez. Fue una tarde de mayo, y llevaba un rato leyendo algunos poemas en una antología (...) Creo que no todo me gustaba, que a veces me sobraban palabras en lo que leía, pero de pronto el tiempo se detuvo, la tarde giró sobre sí misma y entre mi nombre y mi vida, entre las palabras y las cosas, oí: "...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y quedará mi huerto, con su verde árbol, / y con su pozo blanco." (...) Todavía puedo oír en el barrido de mis emociones poéticas la huella de este poema. Pero lo más determinante para mí fue que, inmediatamente, y por primera vez, escribí un poema, una imitación burda de "El viaje definitivo" de Juan Ramón Jiménez. Ese primer poema lo podía recordar hasta entrada la veintena, pero el olvido vino a hacer justicia y a aliviarme de su memoria.





En mi propio caso se trataba de un poema que me pareció una simpleza y que quise emular para demostrar, ignorante, que eso también lo sabía hacer yo. A ese atrevimiento le debo mucho, muchísimo.


martes, 4 de abril de 2017

Las cosas que perdimos en el fuego





Antonio Jiménenz Millán ha reunido una selección de su obra poética en Ciudades (Renacimiento, 2016). Al granadino (pero malagueño de adopción) lo había leído desordenada y parcialmente, y ahora resplandece, si bien antologado, en el conjunto de una labor poética que abarca treinta y cinco años cumplidos. De Inventario del desorden son estos versos que me han hecho recordar de inmediato los cuentos de Mariana Enriquez, con su cotidiano y cercano horror:

al evocar las historias de fantasmas,
pienso también que la literatura
abusó de castillos góticos,
bosques perdidos,
fríos páramos desiertos,
lagunas y mansiones señoriales.
Basta una esquina sórdida,
sin alma ni misterio,
a plena luz del día.


lunes, 3 de abril de 2017

Los mejores versos malos





En su libro El odio a la poesía (Alpha Decay, 2107), Ben Lerner recuerda cómo unos editores le regalaron una antología que habían publicado: Los mejores versos malos. Un libro, añade, que como dijo James Wright "¡no contenía nada mediocre!".

sábado, 1 de abril de 2017

Por allí resopla


A ver, agenda y bolígrafo, por favor. Me acompañará la gran Sara Mesa, quien con su bondad hará menos malos mis aforismos.