martes, 11 de abril de 2017

Neologismos



Juan Ramón Jiménez creó muchos, y ay del escritor que no haya acuñado al menos uno. Hasta en la vida diaria los lanzamos, hijos a veces de la dislexia o de la prisa. Recientemente dos novedades han vuelto a poner sobre la mesa la actualidad de los neologismos. El primero de estos libros es Las aventuras de sir Tomas Browne en el siglo XXI, de Hugh Aldersey-Williams y traducción de Carlos Jiménez Arribas (Siruela), un ensayo que muestra la riqueza y complejidad de este inglés del XVII, tan admirado por Jorge Luis Borges o Javier Marías. A Browne le debemos palabras que ahora nos parecen corrientes pero que él se sacó de su magín, de su inteligencia. ¡Nada menos que 784! El segundo se trata de Almas rotas, novela de Nikos Kazantzakis en traducción de Mario Domínguez Parra (editorial Ginger Ape) y que incluye también un elevado número de neologismos, de los cuales el traductor ofrece un catálogo al final del volumen. Dice en un párrafo en que lo aclara: "a la hora de trasladar al castellano los neologismos acuñados en la presente por Kazantzakis, me he visto abocado a que, de alguna mnera, los términos que habían de servir de base y partida al neologismo se fusionaran, encontrasen una sílaba o letras que los uniera y que, de este modo, sus diferentes sentidos fluyeran en un nuevo vocablo, generando las más de las veces un acrónimo." Aquí van algunos:

alberceptible: albo + perceptible
altonar: alto + tonar
aurornado: áureo + ornado
bocolosal: boca + colosal
delicar: delicado + caer
dulceñir: dulece + ceñir
fragritar: fragor + gritar





Almas rotas, de Kazantzakis, en el centro del escaparate de la librería Palas (Sevilla)


No hay comentarios: