sábado, 20 de mayo de 2017

La poesía reunida de Francisco Díaz de Castro







Recién jubilado como catedrático de literatura española de la Universidad de las Islas Baleares, Francisco Díaz de Castro (Valencia, 1947) ha reunido su poesía completa con el título Cuestión de tiempo en la coleccion Calle del Aire de Renacimiento. Vuelven, pues, aquí, dialogando unos con otros, "con algunas supresiones, modificaciones y modificaciones", los libros Inclemencias del tiempo (1993), El mapa de los años (1995), La canción del presente (1999), Hasta mañana, mar (2005) y Fotografías (2008). Completan la edición once poemas inéditos. 
     Díaz de Castro es un autor que cuida como pocos la dicción, la factura del verso, pero afortunadamente con una aparente naturalidad que permite que fluya la materia de los poemas, que en su caso, además de los temas habituales, tratan con frecuencia de dos pasiones suyas: la fotografía y el jazz. De los muchos buenos poemas que integran esa summa podría destacar "El impaciente", "Legado" o "La pedigüeña". También, uno excelente sobre sor Juana Inés de la Cruz que adopta la forma del monólogo dramático que, vía Cernuda, tuvo tanto cultivo en la poesía española de los ochenta. Va aquí con el permiso de su autor:


ARDUA TAREA DE SOR JUANA

He vendido mis libros:
algo aprovecharán mis deudos.

No respondo a mi fama, ni me gusta la corte:
unos versos de amor es cuanto busco.
¿Quién soy yo? Tengo decidido
negarme a toda farsa
y mi cuerpo, tan frágil, no concede
respiro a la probable soltería.
¿Qué artefactos carga el amor?

Calculo la inversión de mi retiro.
El poder viene a mí, lo determina
aquel que me critica, quien me envidia.

Buscan mi casa pero desoyen mis palabras.
Aguiar persigue mis pensamientos,
su dulzura profana, mi verdad.
Yo conozco los límites de mis aspiraciones.
La condesa me acoge y gusta de mis versos.
Voy a Puebla a ver a Filotea
y contra el hijoputa escribo.

México es grande,
la corte virreinal inextricable.
Debo callarme para siempre,
arrepentirme y renunciar.
Dirá nada el silencio, porque ese
es el oficio del silencio.

Era un océano sin fondo
aquella biblioteca del abuelo.




2 comentarios:

Francisco Díaz de Castro dijo...

Muchas gracias, amigo Antonio, por tu reseña y por quitarme diez años de encima. Me alegra que cites "Ardua tarea de sor Juana", un poema que he recuperado de una plaquette que tuene ya algunos años.
Un abrazo cordial.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias a ti. ¿Ha estado bien ese paseíto en la máquina del tiempo de H.G. Wells, ¿verdad? He corregido y puesto la mentirosa fecha canónica, tan falsa con tu espíritu.