martes, 2 de mayo de 2017

Otra oportunidad para José Luis Tejada





"Las jerarquías literarias, el afán por reducir la literatura a una serie de nombres, la selección nacional de cada época, el hecho mismo de que las antologías suelan ser antologías de poetas y no de poemas, suele tenr como consecuencia que los nombres de un buen número de poetas interesantes, verdaderos, queden rezagados u ocultos, fuera de los templos en que se veneran a los autores del canon", escribe Juan Bonilla al comienzo de su pólogo a Razón de ser, libro de José Luis Tejada que vio la luz en 1967. Tiene razón y es un buen argumento para reivindicar al poeta gaditano (Puerto de Santa María, 1927-Cádiz, 1988).
    Si el libro merece reedición, algunos poemas de él son dignos de más de una lectura. Me ha pasado, cobre todo, con "Babel", un portentoso reflejo de la incomunicación por más que se degan palabras, enfrentadas a menudo en discursos que no se tocan ni reflejan y que son testimonio sobre todo del absurdo de la existencia, que puede llegar a ser doble, multiplicado "en la alcoba nupcial". La segunda estrofa de este poema:

Pongamos la esperanza
en el más armonioso de los casos.
Probemos a encender. Yo digo: "Dame
el botón, por favor, de tu camisa".
Tú respondes: "La pluma de mi tía
fue comprada anteayer en Liverpool".
Yo insisto: "Puede usted prestarme un pecho?".
Tú me contestas: "No. Pero el paraguas
de mi sobrino está junto a la mesa
del comedor". -- "Podría usted indicarme
el camino más corto
para llegar a la estación del sur?".

Pero no es ese el único poema memorable. Resistiéndose a ese diálogo de sordos, Tejada describe la calamidad pero también ofrece una oportunidad, acas la única para que el ser humano, animal social (aun cuando los poetas tiendan a lo aolitario), no se vaya por el desagüe. En "La peste a bordo" declara que "para que esta nave siga / bogando hasta el final, no sobra un ala." Y luego, en los tercetos:

Nadie se eche a nadar por propia cuenta,
nadie una tabla agarre. La tormenta
nos quiere divididos y difuntos.

Cada quién a sus gavias o a sus remos.
La epidemia es total. Nos perderemos
si no aprendemos a salvarnos juntos.


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