viernes, 2 de junio de 2017

"El collar", de George Herbert




EL COLLAR

George Herbert (1593-1633)




Versión de Antonio Rivero Taravillo


Pegué un golpe en la mesa y dije: “¡Basta,
me iré muy lejos!
¿He de suspirar siempre y sufrir?
Mis versos y mi vida son tan libres
como el camino, sueltos como el aire,
y vastos como una cornucopia.
¿He de implorar yo siempre?
¿No tengo más cosecha que una espina
para hacerme sangrar, sin devolverme
con un fruto cordial lo que he perdido?
            Hubo vino sin duda
antes que mis suspiros lo secaran;
            y también grano
antes de que mi llanto lo anegase.
            ¿Solo para mí se pierde el año?
            ¿No tengo coronas de laureles
ni flores ni guirnaldas para él?
            ¿Se ha malogrado todo
                        todo es baldío?
Pues no, mi corazón; existe fruto,
y tú tienes tus manos. Recupera
la edad que los suspiros aventaran
con dichas redobladas,
depón tus gélidas querellas
de lo que está bien y lo que no.
Deja tu jaula,
esa soga de arenas,
que hicieron los mezquinos pensamientos,
buen cable para ti, que ciñe y tira,
y sé tu ley,
que antes pestañeando no veías.
            ¡Vamos! Deprisa.
            Marcharé muy lejos
Recluye ya tu calavera,
amarra tus temores;
aquel que aguanta solo ser
siervo de sus necesidades
se merece su carga.” Pero
cuando, todo furor, me enardecían
estas palabras,
creí que alguien llamaba: ¡Hijo!

Y contesté Señor.

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