martes, 6 de junio de 2017

El cuarto mandamiento



EL CUARTO MANDAMIENTO



Cuando estemos muertos seremos inmortales

DARÍO JARAMILLO AGUDELO



Con coronas de sílabas los honro
que inscriben indelebles en la lápida
–solo yo los contemplo–
eternos homenajes, porque nunca
padecerán la contingencia
del paso del amor, las estaciones
fugitivas también como sus vidas
en perpetuo regreso de hijo pródigo.

Como billetes falsos va poniendo
la muerte sepulturas en la mano,
pero el oro no está en la caja fuerte
sino en la aurora, en el ocaso.

Qué importa que no pise el cementerio
donde no están
si se hunden mis pies en su memoria,
los versos en la tierra de sus nombres.

Jamás me podrán ver ante su tumba
(los veo con los ojos entornados).

Como camisa limpia, aquí planchada,
la página que arruga y mancha, pura,
tanta emoción sin fecha.

Sobre el gastado blanco, el negro intenso
que trazan los recuerdos, desprendidos 
rabos de lagartija sobre el mármol.


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