viernes, 9 de junio de 2017

Una antología de Ángeles Mora





Aparecía entre los poetas granadinos de la Nueva Sentimentalidad, aquel movimiento de principio de los años ochenta, más grupo de amigos bajo el faro de Juan Carlos Rodríguez que una escuela programática. Sus libros de aquella época fueron Pensando que el camino iba derecho (1982) y La canción del olvido (1985). Luego, Ángeles Mora ha publicado La guerra de los treinta años (1990, Premio Rafael Alberti), La dama errante (1990), Caligrafía de ayer (2000), Contradicciones, pájaros (2001, Premio Ciudad de Melilla), Bajo la alfombra (2008) y, por último, Ficciones para una autobiografía (2015, Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de la Crítica 2016 ). En la recién aparecida antología La sal sobre la nieve (Renacimiento, 2017) se añaden a los poemas seleccionados de esos libros tres nuevos, escritos este año en circunstancias dolorosas.
     Ioana Gruia le dedica un extenso y hondo prólogo en el que analiza su obra. Yo, que no pretendo hacer crítica literaria sino señalar desde la subjetividad aciertos y zonas de interés, destacaría "Compañías", que comienza siendo un poema sobre libros y termina hablando del amor; la poderosa imagen inicial de "Saborear", donde también las palabras se unen a lo amoroso ("Tu nombre se me enciende / en la boca / igual que parpadean / las estrellas"); los versos finales de uno de los inéditos, "Cactus", de los que se dice que "son capaces de herir, / como la poesía".
    A veces hay ligereza en estos versos, y a menudo una gravedad nunca impostada. Epigramáticos, qué terribles los del cierre de "Buenas noches, tristeza": "La vida siempre acaba mal, / Y bien mirado: / ¿puede terminar bien lo que termina?".


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