A cara de perro





El pacense asentado en Sevilla José Antonio Ramírez Lozano es uno de los escritores que más premios ha cosechado en España, lo mismo en narrativa que en poesía, y también en literatura infantil, un género de engañosa facilidad. Ahora ha obtenido el XX Premio de Poesía Eladio Cabañero con su libro A cara de perro que publica la editorial Reino de Cordelia. Contiene singulares bienaventuranzas, algunas de ellas cercanas al chiste lingüístico, aunque otras vienen cargadas de inapelable y seria, aun irónica, verdad: "Bienaventurados los fotógrafos / porque sin ellos la familia / nunca hubiera permanecido unida."
     En algún poema ("Noticia de un naufragio") recicla y da nueva vida a materiales de textos suyos anteriores, pero sorprende casi siempre. Como en los movimientos bancarios de "Saldomasoquismos", en el derroche imaginativo de "La voz a ti debida" o en el brillante colofón "Piso tomado". Hay mucha presencia de la muerte en el poemario, piadosa atención a los objetos y juegos, numerosos juegos con las palabras. Destacaría el sencillo y bellísimo "Canelo" y, por su notable plasticidad tanto de imágenes como rítmica (qué bien suenan los poemas de Ramírez Lozano), el breve "Cebolla caramelizada", que si careciera de título podría ser un acertijo y que no me resisto a copiar entero:

Después de tantos siglos asistiendo
al pobre en su miseria,
me dejé seducir
por la dulce lascivia de los chef
y ahora sonrío rubia, como una de esas falsas
sortijas que abandonan los hombres en el plato,
después de haberle dado gusto al vino
y cumplir con la carne.

Desgraciada de mí, 
que he perdido la escarcha de mis lágrimas.



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