sábado, 16 de septiembre de 2017

Don Juan cabalga de nuevo





Rafael Marín agavilla en su persona diferentes saberes y quehaceres: profesor, traductor, experto en historietas y guionista de cómics, novelista... Había ido dejando durante meses y meses pistas de que estaba embarcado en una larga y ambiciosa obra, que por fin ha visto la luz hace algunas semanas. Cinco años ha estado dedicado a ella. Y no es en verdad moco de pavo lo que ha hecho con Don Juan (Dolmen Editorial), un volumen que frisa el millar de páginas. Le ha dado la palabra al Burlador de Sevilla, al protagonista de tantos relatos, poemas y hasta óperas. En este largo duelo singular ha salido airoso, lo mismo en la inventiva de la narración que en la recreación lingüística, que tiene sabor pero no suena a arcaíca, ejecutada con un envidiable pulso.
     Comienza la narración donde estas suelen: por el principio. Y se derrama sobre las páginas la Sevilla de principios del siglo XVI. Siguen Toledo, Roma, Viena, Cádiz, Londres, Venecia... Y enrola a secundarios que ya los quisieran para sí muchos libros como protagonistas: "-Ah, Don Juan -me decía Garcilaso mientras compartíamos una botella del clarete italiano y disfrutábamos del momento sin preocuparnos por el ayer ni interrogarnos por el futuro-, cuánto me habría gustado estar allí presente en el asedio de Viena." Pero también figuran aquí Catalina de Aragón, Enrique VIII, Tomás Moro, Ignacio de Loyola, y algunos personajes inventados como el magnífico Capitán Centellas. La acción no impide, porque la memoria y las memorias invitan a ello, la sentenciosidad y los acentos graves, particularmente notables cuando el libro va tocando a su fin. Ameno y vrosímil, un libro, pues, de los que se escriben pocos o muy pocos. Es decir, de los que hay que recomendar mucho.

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