domingo, 24 de septiembre de 2017

Dos poemas mexicanos



Estos dos poemas, escritos hace tiempo, los he publicado en mi cuenta de Facebook tras cada uno de los recientes terremotos que han asolado México. El segundo se refiere a la pirámide cubierta de Cholula en cuya cima hay un convento que ha sufrido importantes daños en cúpula y torres. Cuando estuve allí hace tres años vencí la claustrofobia de adentrarme por sus estrechas y oscuras galerías. No quiero ni pensar lo que habrán sentido los sepultados en los edificios derrumbados. Cuando esto escribo, aún hay alguna esperanza de rescatar a alquien más con vida.



TERREMOTO EN EL AIRE

Has embarcado en el avión,
dispones tus cuadernos y la manta,
la almohada que emerge de su bolsa
como el sueño del día y del cansancio.
Si ahora un terremoto desgajase
esta tierra feroz que te despide,
si justo cuando el ala, y su gemela,
al alzar el vuelo acuchillaran
la engañosa paz, y la pista
trozos se hiciera como seres que aman,
¿qué quedaría de esta semana,
de las horas de plática y tequila
y acentos cantarines, como un coro
de veintidós millones de habitantes?
Trizas sin trazas, un sueño
borrado al despertar, como la tierra
que abajo queda entre sus nubes
blancas sobre otras de escombros.



TLACHIHUALTÉPTL

Bajo el cerro y su verde,
somos los gusanos que perforan
la carne de la sólida placenta,
túneles, galerías
que llevan desde el dentro hasta el afuera,
a la luz desde lo oscuro,
minúsculas polillas que se afanan
por devorarla,
estelas que se borran en la noche de piedra.
La roca claustrofóbica se aparta
medrosa y nos contagia el miedo.
Marcas de agua ilegibles
de una página negra,
¿quién leerá el relato de nuestro terror?
Un lento calendario cosmológico
en donde el cielo fue decapitado,
tardamos en salir más que los siglos
en que se fue preñando la pirámide.
En un mundo sin sol, unos minutos
doblan en duración a las estrellas.




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