jueves, 7 de septiembre de 2017

El barbero de Sevilla




En la última visita a Dublín, hace pocos días, el taxista que nos llevó al hotel entabló conversación amable y parlanchina, no tanto por trabajarse una propina como por dar salida a esa facundia de los de su profesión cuando tienen alguien que los escucha y no amarra lengua y oídos con el cinturón de seguridad del silencio. Los veintitantos minutos que se tardan desde el aeropuerto a Stephen's Green dan para mucho, y cuando, pregunta habitual, respondimos a la interrogación sobre nuestra procedencia, el taxista, que era un calco del presidente de Sinn Féin hace cien años, Arthur Griffith, nos preguntó si conocíamos al "barbero de Sevilla". Resulta que una vez, estando de visita en la ciudad, se había cortado el pelo con Melado, el barbero que a mí mismo me atiende y que me había arreglado no hacía ni una semana. Melado es un gran profesional, autor de letras de sevillanas conocidísimas, y aparece en varias guías turísticas.





Arthur Griffith


Fue precisamente entonces cuando me dio Manuel Melado un ejemplar de su libro Cantares entre dos orillas, que reúne soleares, sevillanas, villancicos, seguidillas, coplas, junto a otros poemas también de corte popular de su amigo trianero Ángel Vela. Es un tipo de poesía esta que juega en una liga diferente de la que leemos y escribimos la mayoría, lo cual no es un juicio de valor, porque virtud de aquella es su honradez y su hondura difícilmente superable cuando da en la diana, ese blanco favorecido por la brevedad y la concentración. Nostalgia, ironía, gracia, son elementos que abundan aquí. Una muestra:

Que me costó un dinerá
el espejo que yo tengo
y la imagen que me da.


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