domingo, 22 de octubre de 2017

Elogio de la concisión





Salió la pasada primavera el más reciente libro de poemas de Pablo Fidalgo Lareo, también en Pre-Textos como La educación física (2010) y Mis padres: Romeo y Julieta (2013). En Esto temía, esto deseaba, Fidalgo continúa por la senda de los poemas extensos, más o menos narrativos pero siempre sobre el terreno de la introspección y la memoria sentimental, la falta de anclaje, la vulnerabilidad de las relaciones humanas. A menudo, autor dramático al cabo, emplea una voz en cursiva que actúa como contrapunto, casi siempre aportando nuevos trazos al personaje poemático que él mismo ha ido creando y al que se le puede aplicar lo escrito por Luis Vicente de Aguinaga en De la intimidad. Emociones privadas y experiencias públicas en la poesía mexicana (FCE, 2016): "Escribir un poema, en el sentido moderno de la palabra, es construirse una identidad. Poco importa si esa construcción se corresponde o con la biografía del poeta."
     En diferentes escenarios, hablando de amor y desamor, Fidalgo construye su identidad. En mi opinión, de manera demasiado torrencial casi siempre a la que convendría cierta contención. Pero hay excelentes poemas en Esto temía, esto deseaba. Por ejemplo, los contiguos "Lago Argentino" y el más breve y perfecto "Génesis", tan modélico en su concisión que me siento inclinado a trasladarlo aquí:

¿Qué es la vergüenza para un hombre
que desea simplemente
que el cuarto en que pasó su infancia
sea ocupado por un niño mejor?

Ellos decían, vergüenza para hacer cosas malas.
Vergüenza sólo para morir
por los que no tienen tu sangre.

Vergüenza los cristales rotos
que coronaban el muro del colegio
para que los niños no viesen el mundo.

Cada vez que alguien me dice
eres una vergüenza para tu familia
algo en mi cuerpo encuentra su lugar.


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