Sobre la crítica





Había leído ya una muestra representativa de su poesía, pero últimamente han caído en mis manos dos excelentes libros de ensayos del mexicano Luis Vicente de Aguinaga. En uno de ellos (De la intimidad. Emociones privadas y experiencias públicas en la poesía mexicana, FCE, 2016), el autor jalisciense se pregunta "si un texto es un tejido; ¿qué razones habría para que su lector y recreador, o sea su crítico, no tejiera por cuenta propia ideas, informaciones, constatacionesy observaciones de muy diversa procedencia que le permitieran definir la página leída, construir una interpretación satisfactoria, reconocerse como la bóveda en que repercutieron sonidos múltiples e irreductibles y, en suma, objetivarse como sujeto?". Y continúa: "Por esto, y no por bonhomía o vulgar prudencia, considero que ningún crítico debe ceder a la tentación de comentar un libro que juzgue deficiente, hueco, inmoral o simplemente malo; puedo afirmar, eso sí, que me siento incomunicado en relación con su tema, sus procedimientos o la posición que atribuyo a su autor."
      Es difícil asentir completamente, porque a veces se siente uno impelido a denunciar lo malo, aunque no quedándose en la anécdota sino elevándose a la categoría (así, por ejemplo, no criticar como poesía los libros blandos que como tal se venden, y tanto, últimamente en España; pero sí alertar de las deficiencias, sin entrar en títulos concretos, del género o subgénero). Con todo, muy probablemente sea mejor no conceder a los libros torpes o huecos la importancia que no tienen. Como bien cita Luis Vicente de Aguinaga tras las líneas que he reproducido arriba, W. H. Auden escribió en La mano del teñidor: "Reseñar libros malos no es sólo una pérdida de tiempo; también hace daño al espíritu. Si un libro me parece realmente malo, lo único que puede motivarme a escribir sobre él es desplegar mi inteligencia, mi ingenio y mi malicia. Es imposible que alguien reseñe un mal libro sin jactancia." (La traducción es de Mariano García).

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