lunes, 18 de diciembre de 2017

El regreso de Mesa Toré




No es autor de obra extensa José Antonio Mesa Toré. Por eso fue una magnífica noticia que se alzara el año pasado con el XXXVIII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, no por el premio en sí, que también, sino por el anuncio de que el libro ganador se publicaría pasados unos meses. Ha tardado en hacerlo más de lo deseable, pero aquí está ya, confirmando la calidad de su voz poética, Exceso de buen tiempo
     Dos características imperan en la poesía de Mesa Toré: la aguda capacidad de observación y la dicción pulcra y elegante, sometida por lo general a las formas tradiciones. Lo demuestra ya en el primer poema del libro, un haiku que sirve de epígrafe al conjunto y sobre el que volverá más adelante en una variación:

Ah, nuestra vida: 
ese día de sol
en el que llueve.

Como si se desquitara del largo silencio desde su libro anterior, La primavera nórdica (1998), el autor ha reunido aquí tres amplias secciones que podrían ser casi libros: "Primavera tardía" (que explícitamente enlaza con aquel título), "Fammilienstammbuch / Libro de familia" (donde se desarrolla su historia de pareja y las vicisitudes y emociones de la adopción de la hija en Rusia) y "Con la Edad de Plata", un nutrido ramillete de homenajes a poetas como Emilio Prados o Luis Cernuda, entre otros. Cada una de esas partes se divide a su vez en varias subsecciones.
    A veces pulsa la tecla del humor, como en la autoparodia "Mísero Mesa Toré", que lo emparienta con poetas que se nombran a sí mismos en sus composiciones, como es el caso de Miguel d'Ors. Aquí, el ganador del Premio Ciudad de Melilla se impreca, cerrando el poema:

Tanta felicidad no se merece
que tú, Mesa Toré, la restituyas
en lágrimas contadas y fingidas.

En otra ocasión es la propia poesía el objeto del vocativo. Aquí, la queja reproduce un topos antiguo, pero que brilla de nuevo en su voz:

Poesía, jamás me señalaras
con tu dedo manchado de tristeza.

Reflexivo, Mesa Toré alcanza en mi opinión sus mejores logros en algunos de sus haikus, en el muy bello y celebratorio "Nacida de la nieve" y en el homenaje a José Moreno Villa que tiene por título "Topografía del mar", al que pertenecen estos versos:

porque el tiempo es un barco
inclinándose sobre el horizonte,
un barco que persigue el infinito,
y es por eso que vuelve, hecho oscura memoria,
a la playa primera en la mañana última.

Una virtud tiene, además, "Exceso de buen tiempo": en las citas que incorpora el autor a los poemas o a las secciones del libro siempre indica el nombre del traductor. Ojalá cundiera el ejemplo, signo de estima y respeto por quienes hacen posible que esos versos que admiramos, escritos en lengua que no son la nuestra, vengan vestidos de nuestro propio idioma.


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