domingo, 17 de diciembre de 2017

"La pantera"







LA PANTERA

Poema anglosajón de autor anónimo

Traducción de Antonio Rivero Taravillo y Teresa Merino Ruiz-Funes



Este poema, que abarca tres milenios, será aproximadamente del siglo X, esa incógnita que nos resulta arduo despejar desde el racionalismo y el iluso descreimiento actuales. Está recogido en un bestiario anglosajón que recibe el nombre, en latín, de Physiologus y que, incluido en el famoso códice conocido como Exeter Book, no es más que una versión a su vez de un texto griego de época alejandrina. Una primera traducción, ya con poco que corregir, la hizo Teresa Merino a principios de 1986. Yo, que no estudié inglés antiguo hasta el curso siguiente, me limité, solicitado por ella, a pulir algo la forma y adaptarla al alejandrino, el verso de antiguos poemas castellanos como el Libro de Alexandre o los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. El verso anglosajón, dividido en dos hemistiquios, se presta particularmente a ello. Luego, en las otras traducciones que, ya solo, hice de poemas de esa lengua opté por un verso en el que primaran los acentos sobre el isosilabismo y ese rasgo que fascinó a Juan Eduardo Cirlot: la aliteración.
            Borges, que dirigió un soneto a la pantera (otra y la misma), le dedicó a esta del poema unas líneas de su Libro de los seres imaginarios. En ellas leemos: “Para atenuar el estupor que puede producir esta alegoría, recordemos que la Pantera no era una bestia feroz para los sajones, sino un sonido exótico, no respaldado por una representación muy concreta. Cabe agregar, a título de curiosidad, que el poema Gerontion, de Eliot, habla de Christ the tiger, de “Cristo el tigre”.”

A.R.T.


Monge sindongeond middangeard
unrīmu cynn,[þāra] þe wē æþelu ne magon
ryhte āreccannē rīm witan;
þæs wīde sindgeond wor[u]l[d] innan
fugla and dēorafoldhrērendras,
wornas widsceope,swā wæter bibūgeð
þisne beorhtan bōsm,brim grymetende,
sealtȳpa geswing.Wē bi sumum hȳrdon
wrǣtlīc[um] gecynd[e]wildra secgan,
fīrum frēamǣrne,feorlondum on,
eard weardian,ēðles nēotan,
æfter dūnscrafum.Is þæt dēor Pandher
bi noman hāten,þæs þe niþþa bear[n],
wīsfæste weras,on gewritum cȳþa[ð]
bi þām ānstapan.Sē is ǣ[g]hwām frēond,
duguða ēstig,būtan dracan ānum;
þām hē in ealle tīdandwrāð leofaþ,
þurh yfla gehwylcþe hē geæfnan mæg.
Ðæt is wrǣtlīc dēor,wundrum scȳne,
hīwa gehwylces.Swā hæleð secgað,
gǣsthālge guman,þætte Iōsēphes
tunece wǣretelga gehwylces
blēom bregdende,þāra beorhtra gehwylc,
ǣghwæs ǣnlīcra,ōþrum līxte
dryhta bearnum,swā þæs dēores hīw,
blǣc, brigda gehwæs,beorhtra and scȳnra
wundrum līxeð,þætte wrǣtlīcra
ǣghwylc ōþrum,ǣnlīcra gīen
and fǣgerra,frætwum blīceð,
symle sellīcra.Hē hafað sundorgecynd,
milde, gemetfæst.Hē is monþwǣre,
lufsum and lēoftæl:nele lāþes wiht
ǣ[ng]um geæfnanbūtan þām āttorsceaþan,
his fyrngeflitan,þe ic ǣr fore sægde.
Symle, fylle fægen,þonne fōddor þigeð,
æfter þām gereordumræste sēceð,
dȳgle stōweunder dūnscrafum;
ðǣr se þēo[d]wigaþrēonihta fæc
swifeð on swe[o]fote,slǣpe gebiesga[d].
Þonne ellenrōfūp āstondeð,
þrymme gewelga[d],on þone þriddan dæg,
snēome of slǣpe.Swēghlēoþor cymeð,
wōþa wynsumast,þurh þæs wildres mūð;
æfter pære stefnestenc ūt cymeð
of þām wongstede—wynsumra stēam,
swēttra and swīþra,swæcca gehwylcum,
wyrta blōstmumand wudublēdum,
eallum æþelīcraeorþan frætw[um].
Þonne of ceastrumand cynestōlum
and of burgsalumbeornþrēat monig
farað foldwegumfolca þrȳþum;
ēoredcystum,ofestum gefȳsde,
dareðlācende—dēor [s]wā some—
æfter þǣre stefneon þone stenc farað.
Swā is Dryhten God,drēama Rǣdend,
eallum ēaðmēdeōþrum gesceaftum,
duguða gehwylcre,būtan dracan ānum,
āttres ordfruman—þæt is se ealda fēond
þone hē gesǣldein sūsla grund,
and gefetradefȳrnum tēagum,
biþeahte þrēanȳdum;and þȳ þriddan dæge
of dīgle ārās,þæs þe hē dēað fore ūs
þrēo niht þolade,Þēoden engla,
sigora Sellend.Þæt wæs swēte stenc,
wlitig and wynsum,geond woruld ealle.
Siþþan tō þām swiccesōðfæste men,
on healfa gehwone, hēapum þrungon
geond ealne ymbhwyrft eorþan scēat[a].
Swā se snottra gecwæð Sanctus Paulus:
‘Monigfealde sind geond middangeard
gōd ungnȳðe þe ūs tō giefe dǣleð
and tō feorhnere Fæder ælmihtig,
and se ānga Hyht ealra gesceafta
uppe ge niþre.’ Þæt is æþele stenc.



                                   Existen en el mundo     infinitas especies,
apenas si podemos     referir su nobleza
ni tampoco su número     conocer justamente;
extendidas se encuentran     sobre la tierra toda
errantes multitudes     de pájaros y bestias
como el agua que abraza     este suelo radiante,
rugiente marejada,     oleaje salado.
Hablar hemos oído     sobre cierta criatura:
su carácter extraño,     las regiones que habita
—celebradas incluso     en países remotos—,
la morada que ocupa     en las altas cavernas.
Es llamada pantera     según han declarado
los hijos de los hombres     en sus sabios escritos
sobre este vagabundo     que marcha solitario.
Amigo generoso,     a todos favorece
excepto a la serpiente,      cuya maldad detesta.
Fiera maravillosa,     mágicamente bella
en todos los matices     de su rica apariencia.
así como la Túnica     Sagrada relucía
–afirman los piadosos–     irradiando color,
reluce su figura     con singular reflejo:
hermosura radiante,     fúlgido tornasol.
Es su naturaleza     de condición insólita,
apacible es y suave;     es amante y amado.
A nadie perjudica,     tan sólo a su adversario,
venenoso rival     del que ya antes hablé.
De su festín contento,     saciado se retira
a un oculto paraje     en las altas cavernas.
Allí duerme el guerrero;     descansa por tres días
en sueños sumergido.     Al tercer día sale:
lleno de fortaleza     abandona el reposo.
Bellísimos acordes     surgen de la garganta
del salvaje animal.     Cuando cesa el sonido
aquel lugar exhala     fragancias deliciosas,
más dulces y tenaces     que los aromas todos,
que los frutos silvestres,     que el follaje del bosque...
Supera en excelencia     los tesoros del mundo.
Surgen las multitudes     de palacios, ciudades;
por los caminos vienen     los armados guerreros,
huestes innumerables     avanzan presurosas.
También los animales     acuden al perfume
guiados por la voz:     así nuestro Señor
a todos favorece     con generosos dones
si no es a la serpiente     de quien brota el veneno,
veterana rival     a la que encadenó
al fondo del tormento,     sujeta con grilletes,
hundida en la miseria.    Después del tercer día,
tras morir por nosotros     abandonó el sepulcro:
Príncipe de los ángeles,     Señor de las victorias.
Una dulce fragancia     –placentera, exquisita–
impregnaba la tierra.     Los más fieles humanos
en tropel acudían     atravesando el círculo
de la faz terrenal.     Como dijo San Pablo:
“Abundan en el mundo     los espléndidos bienes
que el Todopoderoso     concedérnoslos quiso;
esperanza de vida     para toda criatura
        del cielo y de la tierra”.     Magnífica fragancia.

                                                          



Publicado en Anáfora, 11.

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