sábado, 23 de junio de 2018

Recuerdo presente




De niño, cuando visitábamos a mis tías abuelas, yo arañaba el barniz o pintura de la mecedora, una pasta oscura que enlutaba los extremos de mis manos, como de negro estaban ellas, coronadas a su vez por la blancura. Hoy, cuando aquella mecedora ya no se balancea, y ni siquiera existirá, no sé por qué siento las pequeñas cicatrices en el brazo de aquel mueble -que dolerían no a la madera insensible, sino a las ancianas dueñas-, y aquella oscura pasta aún, huella que delata el pequeño crimen, bajo mi uña limpia.

viernes, 22 de junio de 2018

Plenitud de Jesús Tortajada




Venimos leyendo a Jesús Tortajada desde mediados de los años ochenta, cuando dio a la imprenta Un invierno llevadero, reeditado en 2013. Luego han venido tres libros más hasta este, el quinto de su lenta producción. En Manual de la contienda (Renacimiento, col. Calle del Aire) el poeta sevillano entrega un libro elegíaco, con ese recuerdo al padre y las dos citas de Jorge Manrique que enmarcan el conjunto de poemas, más las estrofas también manriqueñas de "El paso de la vida". También hay, entreverado, un tono juguetón, zumbón a veces, que como el más grave tenía ya aposento en la poesía de Tortajada. 
     Divaga alguna vez el poeta en composiciones que habrían precisado concisión y freno ("Fábula de la soga y el árbol"), pero eso que nos parece un punto débil queda compensado con creces en composiciones en las que hay meditación y hondura, facilitadas por el ritmo casi exclusivamente endecasílabo, que brilla no solo en el puñado de sonetos que se incluye sino en los poemas más extensos o incluso en el último del libro, breve, humorístico, intenso: 

DESPERTADOR

Oigo el despertador, bueno, la alarma
del móvil con sus agrias campanitas, 
diciéndome: ya es hora de vivir...
Y yo que estaba tan a gusto muerto.

     "Un gesto natural" es un excelente homenaje a Karmelo C. Iribarren, pero Tortajada brilla asimismo en poemas como "Dile al silencio", con su precioso final, o "Inminente desenlace" ("y me entrego al enlace de tus manos / como si fuera el mundo el que me abraza").
    Prosaico en ocasiones, para compensar el sentimiento de pérdida que predomina en el volumen, Manual de la contienda seguramente sea el mejor libro hasta la fecha de Jesús Tortajada. 


jueves, 21 de junio de 2018

Nuevas anotaciones



Ya marcan aviones, golondrinas, vencejos, junio en punto en el calendario del aire.

*

Quizá, una buena traducción sea la que hace un escritor con oficio al plagiar en su propio idioma, aunque lo firme otro, un texto escrito en lengua ajena.

*

Que la poesía no vende, es el efecto. La causa es que, insobornable,  "no se vende".

miércoles, 20 de junio de 2018

Traducir a Ted Hughes




Ted Hughes en retrato de Reginald Gray

Una actividad en Londres en la que participaré este otoño. La entrada es gratis, pero hay que inscribirse.

martes, 19 de junio de 2018

Las metamorfosis de Luis Alberto de Cuenca



He publicado en Letra Global este artículo sobre las variaciones de otros poetas que incluye el madrileño en su reciente libro, Bloc de otoño.

lunes, 4 de junio de 2018

sábado, 2 de junio de 2018

Fulgor de los espejos




Llegó a librerías hace pocas horas. Y ya de nuevo puede decirse que Felipe Benítez Reyes lo ha vuelto a hacer: ha entregado uno de esos libros redondos a los que acostumbra a sus lectores. En Ya la sombra, estos hallarán las simetrías, los espejos, las paradojas que son una constante de la obra del autor roteño, y que tienen algo de Borges y de Pessoa pasado por Manuel Machado (de hecho, el libro se abre con un poema en alejandrinos asonantados que es muy del poeta sevillano, hermano mayor de Antonio) y que encierra el espíritu del volumen: "En todo pensamiento se esconde una tiniebla, / como en toda emoción una sombra de duda."
     Puestos a destacar, me quedo con composiciones como "Playa de enero", con "ese mecanismo misterioso, de cálculo y azar / que rige el universo y esta página." También con la siguiente, variación de aquella, donde sale a relucir, y a deslumbrar, una enumeración caótica muy del autor de El oro de los tigres (hay otra en "El bazar subacuático"). Los homenajes son numerosos y polimorfos, no siempre explícitos. Imposible no recordar al enorme Luis Rosales de "Autobiografía" cuando se leen esos versos de "Estampa con lluvia": "difícil de vender bajo la lluvia, / como por ejemplo / miniaturas de caballos de cartón."
     Todo en FBR tiene matices, sombras, claroscuros, expresiones de lo dubitativo. De este modo, un verso tan metafísico y hamletiano como el que sigue queda en entredicho por esa palabra que lo sigue y con la que se cierra el poema: "a este ser del no ser de ser nosotros, / aproximadamente." Duda, zozobra que sin embargo se hace precisión, rigor y exactitud a la hora de dar con imágenes certeras, como esta de una invocación a la lluvia: "Danos tu melodía elemental, tus cascabeles líquidos."
     Juega también, con pericia acreditada, FBR con las formas. Muy logrado y llamativo es el soneto isabelino "tuneado" que atiende al título de "Cíclica", donde hay, sí, tres serventesios y un dístico final, pero también algunos versos intrusos, codas o estribillos. Y hablando de coda, que espléndido el último verso de este Ya la sombra, casi un epitafio: "Ya no es tuyo ni el tiempo que robaste." Sí, Felipe Benítez Reyes lo ha vuelto a hacer.

lunes, 28 de mayo de 2018

jueves, 24 de mayo de 2018

Peixoto entre nosotros



Otro artículo sobre traducciones en la serie que estoy publicando en Letra Global desde hace unos meses. Se puede leer aquí.

sábado, 19 de mayo de 2018

Mar sin náufrago



Comento en el número de mayo de Cuadernos Hispanoamericanos el libro más reciente de Juan Villoro. Se puede leer en este enlace.

viernes, 18 de mayo de 2018

Sucederá la flor





Jesús Montiel es uno de nuestros poetas jóvenes más interesantes. A él le parecerá que nacido en 1984 ya no lo es (hablo de la edad, no del interés) y se apesadumbrará, pero a alguien que lo supera en algo más de veinte años no se la va a dar con queso: Montiel sigue siendo joven se ponga como se ponga. Es premio Hiperión, nada menos, y cuenta ya con varios títulos en su haber. Sucederá la flor es la narración lírica, en prosa, de la grave enfermedad de su hijo de dos años, de una leucemia que superó. Por esta feliz circunstancia solo comparte algo, siendo mucho y hondo, de libros de pérdidas de hijos como son Mortal y rosa, de Francisco Umbral, o, más recientemente, La hora violeta, de Sergio del Molino, donde los padres dan testimonio de su terrible orfandad, tan sin nombre que carece de palabra que la designe en casi todas las lenguas del mundo. 
      Erika Martínez observa atinadamente en su prólogo: "Resulta insólita una atención tan concreta al cuerpo de un niño. Su apuesta sin pudor por la ternura, la delicadeza. Su capacidad para decir sin amaneramientos amor y poesía, Dios." Es un relato duro, en cuya primera página ya leemos: "Érase una vez, de pronto, tu enfermedad." Cuesta trabajo proseguir terminado el primer capítulo, pero hay un atisbo de esperanza que invita a no cerrar la puerta y continuar la lectura. Y no se arrepiente uno. De hecho, pocas páginas después encuentra esta frase: "La esperanza fue tu verdadera sangre, la verdadera quimioterapia."
     Sucederá la flor es un libro breve y muy intenso, en el que hay belleza, reflexión, rebeldía, una gran capacidad de observación y también de transformación de esta en palabra justa, ya sea sobre la sociedad, ya sobre la devastación de las almas: "Mira, ese mirlo lo explica todo mejor que yo. Hace un tiempo desapacible. Los árboles se agitan tras la ventana, duchados por una luz oblicua. Lleva diez minutos en la rama, esperando a que escampe. Pero canta. Mientras espera canta." 

miércoles, 16 de mayo de 2018

martes, 15 de mayo de 2018

miércoles, 9 de mayo de 2018

Un poema inédito



PREMORDIMIENTO

Ese arrepentimiento que precede
a la comisión del delito,
la convergencia en un instante
de todos los temores y las dudas.

El deseo adereza la agonía,
el vértigo es la sal de los pecados.
Lo que fugaz despacha
la alcoba en la que aguarda lo cumplido
queda al final de un muy largo pasillo
en que las ratas roen los talones.

Donde la luz gozada,
con larguísima sombra la conciencia
pone sus huevos.
Las larvas del dolor abren sus ojos
cuando la dicha cierra,
un parpadeo solamente,
los tuyos.

Quien no conocerá tu indignidad
ya la contempla
bajo el foco que pone tu zozobra
en la pista del circo en que esta tarde
el domador es pasto de los tigres.

Nadie sabrá de los ultrajes
a los que tú a ti mismo te sometes
en otros
manchando sin testigos a tu alma.

El breve gozo
lo juzga un tribunal que delibera
en sesiones sin cuento
que estiran la tortura:
los miembros de un jurado que ya dicen,
firmando el veredicto, tu sentencia
signada por tu rúbrica temblona.

Un novelista
de éxito que cobra un anticipo,
guardas el adelanto de tu crimen
junto a tu pecho
con monedas que acuña la esperanza

de que logres un día lo que temes.

martes, 17 de abril de 2018

El señor Watanabe





Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977, pero residente desde hace mucho en Granada) es uno de los escritores más brillantes que conozco en los varios géneros que cultiva, en los que une de manera natural algo que suele darse por separado: la inteligencia y la sensibilidad. Este año ha publicado su sexta novela, Fractura, como las anteriores en Alfaguara (obtuvo el premio de la casa con El viajero del siglo). Es una historia larga (también lo ha sido su gestación), que recorre la vida del protagonista, un tal Watanabe, japonés aunque también hubo un excelente poeta peruano de ese apellido, desde su infancia marcada literalmente por las explosiones de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki hasta la actualidad con el accidente de la central nuclear de Fukushima. Entreverado con ello, un ramillete de testimonios en primera persona de las mujeres que han compartido algún tramo de la vida de Watanabe, en monólogos que matizan, retratan al personaje central. Neuman se ha ocupado de que cada una de ellas tenga voz propia, algo particularmente distinguible en las dos que hablan español: la bonaerense y la madrileña. 
     Hay en la novela indagaciones sobre la ciencia y la tecnología, sobre la organización social, las relaciones de pareja, la dignidad, la historia. También hay poesía, en la propia narración a veces y en el buen puñado de poemas que Neuman traduce para la ocasión. Asimismo, y esto es algo que se la da particularmente bien al autor, lo que podrían ser aforismos, engastados en la narración. Por ejemplo, estos renglones que tratan también de una de las preocupaciones de la novela, lenguaje, la traducción: "A través de esas dulces torpezas, yo trataba de imaginarme cómo era su idioma. Más que hablarlo por mí misma, deseaba deducirlo a través de él. Fui descubriendo que es posible iniciarse en una lengua gracias a los errores que sus hablantes cometen en la nuestra. Igual que en el amor, los errores hablan de nosotros más que los aciertos." Igualmente, y en alusión al título: "Todas las cosas rotas, piensa, tienen algo en común. Una grieta las une a su pasado."
     Sobrecoge el recorrido de Watanabe por el paisaje espectral de la prefectura más afectada por el accidente de Fukushima, también la entereza de algunos supervivientes, que tendrán sus fracturas, sus cosas rotas, pero que desde mi mundo occidental comparo a los protagonistas de una balada irlandesa, y que me parece, entonces, que están magullados mas no rotos. En el inglés aliterativo, bruised, never broken. Lo cual me hace pensar también que, con Watanabe, el protagonista de Fractura es el tiempo. Él sí que mella.  Neuman ha sabido recomponer las piezas de la historia dejando visibles sus grietas con ese polvo de oro que en el Japón restaña subrayando las fisuras, las heridas, las cicatrices. Una excelente novela.

lunes, 16 de abril de 2018

Lectura de Ignacio Agustí





Leí Ningún día sin línea. Artículos y crónicas literarias de Ignacio Agustí hace unos meses, poco antes de la gran astracanada del 1-O y la legitimidad de pacotilla que demasiados quisieron ver en aquel gesto teatral, más cómico que trágico. En cuanto se leen cosas sobre Cataluña y desde ella desde algún ángulo distante del independentismo actual (iba a decir imperante, pero no alcanza esa fiebre a la mitad de la población catalana) se resquebrajan los mitos de este. Por ejemplo, que pese a la necia persecución del catalán como lengua de comunicación en la Cataluña de posguerra y demasiados lustros después, Ignacio Agustí dirigió un periódico en catalán fundado en 1966.
     Fue Agustí mucho más que el autor de esa novela de éxito, Mariana Rebull (1943), o el hombre de prensa ligado indisolublemente a Destino. En este volumen lo vemos como activo y plural, en varias cabeceras periodista, columnista, un hombre de cultura que firma crónicas sobre muy variados asuntos. Los epígrafes bajo los que se agrupan estos artículos selectos son "Las columnas", "Intimismo", "Cultura", "Humanismo", "Costumbrismo" y "Política". Habla de tranvías que dejan de prestar servicio, de los primeros fresones, de las Ramblas o, tirando hacia arriba, del fulgor de las estrellas. En lo literario, se ocupa de autores españoles de la época, como Sánchez Mazas, Laforet o d'Ors, pero también de Faulkner. Habla de su región, y recuerda, citándolas, unas frases actualísimas de José Antonio Primo de Rivera.
     La antología de textos ha sido realizada por Irene Donate, quien también firma una amplia e ilustradora introducción, y publicada por Fórcola. Era necesaria y muy oportuna.

domingo, 15 de abril de 2018

Lectura de Josep M. Rodríguez





Hay demasiado desorden en mi vida. No siempre comparecen aquí las lecturas recientes, con sus anotaciones. A menudo un libro disfrutado se queda en el limbo durante un tiempo antes de aparecer aquí. También sucede con frecuencia que no doy noticia de él nunca. Sería una pena que no recogiera algunas impresiones de lectura de Sangre seca, libro con el que Josep M. Rodríguez obtuvo el XXIV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba "Ricardo Molina". 
     Rodríguez es un estupendo poeta, como demuestra una vez más en esta colección, con epílogo nada menos que de Joan Margarit. Ha asimilado lo mejor de la tradición japonesa (¡qué buenos sus haikus!), y la capacidad de observación que acredita es muy imaginasta, como cuando escribe que unos carámbanos que cuelgan de la cornisa "son los primeros dientes del invierno". También cuando anota: "Asciende un aeroplano / y con su estela va tachando el cielo."
     Además de esa plástica capacidad de describir, tan metafórica, en Rodríguez abunda lo imaginativo, con el correlativo de lo externo y lo interior: "cuando aprendí a nadar / te llevaste la orilla." Tampoco falta lo sentencioso ("si naces fuentes, morirás desagüe", o "Si Dios existe, / escribir un poema es intentar // leer / sus labios"). Son muchos los poemas brillantes, a los que al regresar ahora muchos meses después de su primera lectura, uno les vuelve a mostrar su gratitud, su admiración. Copio íntegro este, a punto de emprender yo también un viaje:


PREPARATIVOS PARA EL VIAJE

En esta madrugada
                               son las nubes
bocadillos envueltos en papel de aluminio.
Resplandecen  
                       igual que resplandece
la pupila infantil:
dos insectos oscuros y nerviosos.

Un niño se parece a una maleta 
por llenar.

No sabe que la vida,
como esas cintas de los aeropuertos,
avanza en una sola dirección.

O que le deseo es una flor robada,
porque no dura
                         ni nos pertenece.

Me pregunto si en su interior de perla
se forma ya la sombra. 



La poesía de Josep M. Rodríguez es ajena a la prisa. Su belleza y verdad permanecen aún en este eco tan tardío.