martes, 2 de enero de 2018

De la rima



En los poemas rimados, y esto es particularmente notable en las canciones, el lector avezado adquiere el don del vaticinio, adelantándose a lo que va a venir gracias a la rima y al metro. Pero se erraría el tiro si se pensara que la magia reside ahí. La magia está en enhebrar rimas que no sean previsibles y en burlar, monarcas derrocados de sus reinos de taifas, a los profetas, de pronto miopes si no ciegos, del verso siguiente.


1 comentario:

Adolfo González dijo...

Indiscutible me parece, Antonio, lo de los poemas rimados, que acaso por esa necesidad de sorpresa, en la poesía contemporánea, se prestan muy bien a lo burlesco. Pero no estoy yo tan seguro de que la magia de las canciones resida por norma en evitar lo previsible. ¿Erraba el tiro Gil Vicente cuando escribió aquello de "dicen que me case yo;/no quiero marido, no"? Creo que en este caso, y en muchos otros, no es así: el lector ya sabe a la segunda estrofa cuál va a ser el estribillo, pero no por ello deja de reconocer la magia que tiene la canción, ni echa de menos que el autor no introdujera variaciones en aquel. En fin, que me parecen cosas distintas, poema y canción, y ante cosas distintas el lector, más avezado o menos, no siempre utiliza la misma vara de medir.
Aprovecho el comentario para desearte feliz año.