domingo, 25 de febrero de 2018

La luz oscura de Juan Manuel Villalba




Salvo su primer libro de poemas, el malagueño Juan Manuel Villalba ha ido publicando todos los suyos en Pre-Textos. También en esta editorial se publica Linterna, el más reciente. 
     Tiene Villalba, aguda inteligencia, una capacidad infrecuente para crear, y mantener, cosa más difícil, una atmósfera. En su caso, la de aspereza de la realidad, la dureza de ciertos episodios de la vida familiar, la de la emoción de reconocer lo fugaz, lo vulnerable, lo que más duele, que se confunde con la propia peripecia vital aun con la elegancia de la elipsis y de lo dicho en voz baja, sin aspavientos. Linterna está compuesto de dos grupos de poemas distintos y que, con todo, comparten, ese aire: "Retrato del poeta adolescente" e "Hijos de suicidas".  Frontispicio del libro es "Poemas", una magnífica lección, que finaliza con estos versos:

Retira los espejos, olvídate a ti mismo
sin que eso te impida recordarte
todo lo que no eres, porque ése sí eres tú.

Fulmina los aplausos que tanto necesitas.
Si quieres ser palabra, no oigas, enmudece.
Deja la pirotecnia para la infantería.

Y ahora, con las manos vacías y con frío,
atrévete a sentarte y cuenta la verdad.

     A lo largo de todo el libro hay ocasiones para la reflexión y también, pese a que el poeta no lo mendigue, el deslumbramiento, como este verso que nadie que haya estado ante o en el mar podrá desmentir: "El mar es un estado de conciencia". Un libro excelente al que merece no ya leer, sino volver.

lunes, 19 de febrero de 2018

Nuevas anotaciones



No tirar la toalla. Continuar el combate y, si es necesario, hacer con su tela nuevas tiras que sean cuerdas para el ring. Seguir peleando, ganar, porque resistir ya es vencer.

*

Soy la sólida fachada de una casa de sillares de piedra, pintada en un finísimo lienzo que ahora se rasga.

*

El lápiz que al caer y despuntarse deja tan largo silencio.

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Lección de ahogado: todo lo que baja, sube.

*

Ser, no como la diana ni la flecha: el aire que se abre en el disparo.

*

Puntos de no retorno lo don todos. Por ejemplo, este.

*

Las pesadillas nos sueñan.

*

No se conoce a nadie de frente, sino ahí donde es más vulnerable: en los flancos.

domingo, 18 de febrero de 2018

Meditativo Montiel





Jesús Montiel (Granada, 1984) es poeta con una ya importante obra a sus espaldas que le ha hecho acreedor, entre otros, al Premio Hiperión (Memoria del pájaro, 2016). En Notas a pie de instante (Esdrújula ediciones, 2018) reúne un buen puñado de anotaciones sobre la vida, que es la suya diaria, en la que hay espacio para la reflexión, el examen de conciencia, el aforismo. Se trata de un libro breve prologado por Juan Gracia Armendáriz. Uno, que no lo es, siente simpatía por los autores católicos, como es el caso, que tienen que vérselas con un mundo desacralizado en el que la fe, esa lucha, tiene todas las de perder y que acaso, siendo derrotada o malherida en tantas batallas, goce del triunfo final en la guerra cuyo armisticio solo se firma con la muerte. Hay aquí algo de esa confesión religiosa, pero también mucho de observación de la naturaleza y de los seres humanos, así como de la escritura, en párrafos sueltos o concisas impresiones
     Montiel logra transmitir emociones que no están privadas de inteligencia, y cincela frases admirables sobre las que se puede meditar largo tiempo, centuplicando así el tiempo de lectura del -pequeño- volumen. Sin ánimo de robar la belleza de estas notas, sino de compartirla, van aquí algunas:

La lentitud llega más rápido al misterio.


Mi padre mete un jilguero en una jaula. Lo escucha cantar. El poeta hace lo mismo con el instante.


El poema es un refugio hecho de tormenta.


Una herida en la niñez tarda en cicatrizar muchos hombres.

viernes, 16 de febrero de 2018

Merrill y la revelación



El Cultural publicó esta reseña el pasado viernes. Se comentan las traducciones de Recitativo, a cargo de Domínguez Parra, y de El libro de Efraín, de la que me ocupé yo. Ambas han sido editadas recientemente por Vaso Roto.

miércoles, 14 de febrero de 2018

lunes, 12 de febrero de 2018

lunes, 5 de febrero de 2018

El estreno de Sandra Sánchez




Muchos primeros libros adolecen de improvisación, falta de oficio, inadecuación del presumible mundo interior del autor a la forma en que lo expresa. Sin ser perfecto, cosa que además de imposible sería indeseable, el primer libro de la ovetense Sandra Sánchez, Una manzana en la nevera, se lee con un agrado infrecuente y, al finalizarlo, con la certeza de que en sus poco más de cien páginas se contienen algunos poemas estupendos, compuestos con oído, sentimiento, humor, técnica, inteligencia.
     De los poemas que deslumbran con un fogonazo del que uno tarda en reponerse destacaría el haiku heterodoxo (por la intromisión del yo, que aquí bendita sea), "Tú", una maravilla de diecisiete sílabas ya inexcusable en cualquier antología de poesía amorosa:

Eres Otoño
y yo sólo una hoja
que cae al verte.

Esa capacidad de Sánchez para la imagen, para la belleza concisa de expresión y larga de sugerencia, igualmente en la temática amorosa, queda nuevamente de manifiesto en "Taumaturgia":

Alguien dijo tu nombre
y, de repente,
del asfalto gris de las aceras
brotaron rosas.

En la misma línea, y ahora ampliando la temática, "Perra vida":

No es miedo a que la Vida me muerda,
es miedo a que me muerda 
y yo no sangre.

Pero sería un error pensar que solo en los poemas muy breves destaca la poeta; véanse si no ejemplos como "Paradoja" y tantos otros. Una manzana en la nevera ha sido publicado por Pi Ediciones y hace -es tópico, lo sé, pero en este caso cierto- que el lector quiera ya enfrentarse a la siguiente entrega de una voz que, si depurada, ojalá no pierda la frescura, el encanto, de esta primera cita.