martes, 17 de abril de 2018

El señor Watanabe





Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977, pero residente desde hace mucho en Granada) es uno de los escritores más brillantes que conozco en los varios géneros que cultiva, en los que une de manera natural algo que suele darse por separado: la inteligencia y la sensibilidad. Este año ha publicado su sexta novela, Fractura, como las anteriores en Alfaguara (obtuvo el premio de la casa con El viajero del siglo). Es una historia larga (también lo ha sido su gestación), que recorre la vida del protagonista, un tal Watanabe, japonés aunque también hubo un excelente poeta peruano de ese apellido, desde su infancia marcada literalmente por las explosiones de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki hasta la actualidad con el accidente de la central nuclear de Fukushima. Entreverado con ello, un ramillete de testimonios en primera persona de las mujeres que han compartido algún tramo de la vida de Watanabe, en monólogos que matizan, retratan al personaje central. Neuman se ha ocupado de que cada una de ellas tenga voz propia, algo particularmente distinguible en las dos que hablan español: la bonaerense y la madrileña. 
     Hay en la novela indagaciones sobre la ciencia y la tecnología, sobre la organización social, las relaciones de pareja, la dignidad, la historia. También hay poesía, en la propia narración a veces y en el buen puñado de poemas que Neuman traduce para la ocasión. Asimismo, y esto es algo que se la da particularmente bien al autor, lo que podrían ser aforismos, engastados en la narración. Por ejemplo, estos renglones que tratan también de una de las preocupaciones de la novela, lenguaje, la traducción: "A través de esas dulces torpezas, yo trataba de imaginarme cómo era su idioma. Más que hablarlo por mí misma, deseaba deducirlo a través de él. Fui descubriendo que es posible iniciarse en una lengua gracias a los errores que sus hablantes cometen en la nuestra. Igual que en el amor, los errores hablan de nosotros más que los aciertos." Igualmente, y en alusión al título: "Todas las cosas rotas, piensa, tienen algo en común. Una grieta las une a su pasado."
     Sobrecoge el recorrido de Watanabe por el paisaje espectral de la prefectura más afectada por el accidente de Fukushima, también la entereza de algunos supervivientes, que tendrán sus fracturas, sus cosas rotas, pero que desde mi mundo occidental comparo a los protagonistas de una balada irlandesa, y que me parece, entonces, que están magullados mas no rotos. En el inglés aliterativo, bruised, never broken. Lo cual me hace pensar también que, con Watanabe, el protagonista de Fractura es el tiempo. Él sí que mella.  Neuman ha sabido recomponer las piezas de la historia dejando visibles sus grietas con ese polvo de oro que en el Japón restaña subrayando las fisuras, las heridas, las cicatrices. Una excelente novela.

lunes, 16 de abril de 2018

Lectura de Ignacio Agustí





Leí Ningún día sin línea. Artículos y crónicas literarias de Ignacio Agustí hace unos meses, poco antes de la gran astracanada del 1-O y la legitimidad de pacotilla que demasiados quisieron ver en aquel gesto teatral, más cómico que trágico. En cuanto se leen cosas sobre Cataluña y desde ella desde algún ángulo distante del independentismo actual (iba a decir imperante, pero no alcanza esa fiebre a la mitad de la población catalana) se resquebrajan los mitos de este. Por ejemplo, que pese a la necia persecución del catalán como lengua de comunicación en la Cataluña de posguerra y demasiados lustros después, Ignacio Agustí dirigió un periódico en catalán fundado en 1966.
     Fue Agustí mucho más que el autor de esa novela de éxito, Mariana Rebull (1943), o el hombre de prensa ligado indisolublemente a Destino. En este volumen lo vemos como activo y plural, en varias cabeceras periodista, columnista, un hombre de cultura que firma crónicas sobre muy variados asuntos. Los epígrafes bajo los que se agrupan estos artículos selectos son "Las columnas", "Intimismo", "Cultura", "Humanismo", "Costumbrismo" y "Política". Habla de tranvías que dejan de prestar servicio, de los primeros fresones, de las Ramblas o, tirando hacia arriba, del fulgor de las estrellas. En lo literario, se ocupa de autores españoles de la época, como Sánchez Mazas, Laforet o d'Ors, pero también de Faulkner. Habla de su región, y recuerda, citándolas, unas frases actualísimas de José Antonio Primo de Rivera.
     La antología de textos ha sido realizada por Irene Donate, quien también firma una amplia e ilustradora introducción, y publicada por Fórcola. Era necesaria y muy oportuna.

domingo, 15 de abril de 2018

Lectura de Josep M. Rodríguez





Hay demasiado desorden en mi vida. No siempre comparecen aquí las lecturas recientes, con sus anotaciones. A menudo un libro disfrutado se queda en el limbo durante un tiempo antes de aparecer aquí. También sucede con frecuencia que no doy noticia de él nunca. Sería una pena que no recogiera algunas impresiones de lectura de Sangre seca, libro con el que Josep M. Rodríguez obtuvo el XXIV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba "Ricardo Molina". 
     Rodríguez es un estupendo poeta, como demuestra una vez más en esta colección, con epílogo nada menos que de Joan Margarit. Ha asimilado lo mejor de la tradición japonesa (¡qué buenos sus haikus!), y la capacidad de observación que acredita es muy imaginasta, como cuando escribe que unos carámbanos que cuelgan de la cornisa "son los primeros dientes del invierno". También cuando anota: "Asciende un aeroplano / y con su estela va tachando el cielo."
     Además de esa plástica capacidad de describir, tan metafórica, en Rodríguez abunda lo imaginativo, con el correlativo de lo externo y lo interior: "cuando aprendí a nadar / te llevaste la orilla." Tampoco falta lo sentencioso ("si naces fuentes, morirás desagüe", o "Si Dios existe, / escribir un poema es intentar // leer / sus labios"). Son muchos los poemas brillantes, a los que al regresar ahora muchos meses después de su primera lectura, uno les vuelve a mostrar su gratitud, su admiración. Copio íntegro este, a punto de emprender yo también un viaje:


PREPARATIVOS PARA EL VIAJE

En esta madrugada
                               son las nubes
bocadillos envueltos en papel de aluminio.
Resplandecen  
                       igual que resplandece
la pupila infantil:
dos insectos oscuros y nerviosos.

Un niño se parece a una maleta 
por llenar.

No sabe que la vida,
como esas cintas de los aeropuertos,
avanza en una sola dirección.

O que le deseo es una flor robada,
porque no dura
                         ni nos pertenece.

Me pregunto si en su interior de perla
se forma ya la sombra. 



La poesía de Josep M. Rodríguez es ajena a la prisa. Su belleza y verdad permanecen aún en este eco tan tardío.

viernes, 13 de abril de 2018

Un caso de hibernofilia



Javier Goñi firma en el número de marzo de la revista Turia una reseña espléndida de En busca de la Isla Esmeralda. Diccionario sentimental de la cultura irlandesa. Se puede leer aquí.

miércoles, 11 de abril de 2018

Los días





Vagabundean
estos días sin techo.
El calendario
les presta los cartones
en que describen, fríos,
nuestras desgracias.
Nunca exageran.
Las minimizan.
No piden más limosna
que la que dan.

martes, 10 de abril de 2018

De una lectura de poemas



PAULA MEEHAN VUELVE A GARDINER STREET 


Pequeña,
como tan solo puede ser lo más grande,
de la estatura inmensa de los sueños,
había dos poemas en su voz.
Y no emocionó menos el primero,
portal del de los versos, luminoso
mas no por lo evocado: por el rayo
fulgurante del sol de la memoria.
La adulta recordaba aquellas calles
en que vivió de niña,
los juegos con la cuerda, las esquinas
del norte de Dublín, esas mansiones
más tarde vueltas casas de vecinos
sórdidas, duras, hacinadas
como en dramas de O’Casey
o el eco del hollín en la miseria.
Como versos certeros, las palabras
no hablaban de esto ni de aquello,
lo componían
igual que los ladrillos las fachadas
y la hiedra plural y minuciosa
que entreteje el ahora y su pasado.
Paula era la niña que fue Paula.
Nosotros sus vecinos, sus amigos
que tiramos también de aquella soga
cuyo cabo se amarra a aquellos días,
el ancla del ayer en la tormenta.

lunes, 9 de abril de 2018

Un soneto antiguo



SOBRE el muro que alzó la lejanía,
ahora a la memoria absorta advienen
las muchas añoranzas que te tienen
presa de la belleza, ciudad mía.

Quizá sea mi propia fantasía,
acaso ya tus fuentes no resuenen,
mas aún oigo su eco, y se detienen
en chorro que subió de ellas un día.

Imagen ideal que la distancia
se ocupa de mentirme dulcemente,
creyendo en ella ver la antigua gloria.

Te evoco, paraíso, y eres la infancia
que vive en las esquinas de mi mente
jugando al esconder con la memoria.

domingo, 8 de abril de 2018

Primeros ecos



Varios periódicos recogen la información elaborada por Alfredo Valenzuela para la agencia Efe. Aquí se sitúa bastante bien mi novela El Ausente, recién llegada a librerías.


miércoles, 4 de abril de 2018

EL MIRLO DE LAS OCHO DE LA TARDE




El mirlo de las ocho de la tarde
llega puntual a la terraza.
Es un expreso o tren de cercanías
de único vagón, aéreo y libre,
que descarrila y pone su cojín diminuto
sobre el respaldo de la silla verde,
o acaso una desenganchada
locomotora
de breve chimenea melodiosa.
Acicalándose,
henchido como un mirlo
que se acicala,
que limpia su plumaje, y ya de paso
los ojos que lo observan,
su humareda naranja en su carbón.
Más tarde la golpea sobre el canto
del prado del asiento,
afila el pico,
la puerta de lombrices que sacarán billete
para un viaje solamente de ida.
Y deja la estación con un pitido
que invita a recorrer junto con él
las invisibles vías de la tarde,
el aire en el que viaja
                        hasta mañana.