miércoles, 4 de abril de 2018

EL MIRLO DE LAS OCHO DE LA TARDE




El mirlo de las ocho de la tarde
llega puntual a la terraza.
Es un expreso o tren de cercanías
de único vagón, aéreo y libre,
que descarrila y pone su cojín diminuto
sobre el respaldo de la silla verde,
o acaso una desenganchada
locomotora
de breve chimenea melodiosa.
Acicalándose,
henchido como un mirlo
que se acicala,
que limpia su plumaje, y ya de paso
los ojos que lo observan,
su humareda naranja en su carbón.
Más tarde la golpea sobre el canto
del prado del asiento,
afila el pico,
la puerta de lombrices que sacarán billete
para un viaje solamente de ida.
Y deja la estación con un pitido
que invita a recorrer junto con él
las invisibles vías de la tarde,
el aire en el que viaja
                        hasta mañana.

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