El señor Watanabe





Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977, pero residente desde hace mucho en Granada) es uno de los escritores más brillantes que conozco en los varios géneros que cultiva, en los que une de manera natural algo que suele darse por separado: la inteligencia y la sensibilidad. Este año ha publicado su sexta novela, Fractura, como las anteriores en Alfaguara (obtuvo el premio de la casa con El viajero del siglo). Es una historia larga (también lo ha sido su gestación), que recorre la vida del protagonista, un tal Watanabe, japonés aunque también hubo un excelente poeta peruano de ese apellido, desde su infancia marcada literalmente por las explosiones de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki hasta la actualidad con el accidente de la central nuclear de Fukushima. Entreverado con ello, un ramillete de testimonios en primera persona de las mujeres que han compartido algún tramo de la vida de Watanabe, en monólogos que matizan, retratan al personaje central. Neuman se ha ocupado de que cada una de ellas tenga voz propia, algo particularmente distinguible en las dos que hablan español: la bonaerense y la madrileña. 
     Hay en la novela indagaciones sobre la ciencia y la tecnología, sobre la organización social, las relaciones de pareja, la dignidad, la historia. También hay poesía, en la propia narración a veces y en el buen puñado de poemas que Neuman traduce para la ocasión. Asimismo, y esto es algo que se la da particularmente bien al autor, lo que podrían ser aforismos, engastados en la narración. Por ejemplo, estos renglones que tratan también de una de las preocupaciones de la novela, lenguaje, la traducción: "A través de esas dulces torpezas, yo trataba de imaginarme cómo era su idioma. Más que hablarlo por mí misma, deseaba deducirlo a través de él. Fui descubriendo que es posible iniciarse en una lengua gracias a los errores que sus hablantes cometen en la nuestra. Igual que en el amor, los errores hablan de nosotros más que los aciertos." Igualmente, y en alusión al título: "Todas las cosas rotas, piensa, tienen algo en común. Una grieta las une a su pasado."
     Sobrecoge el recorrido de Watanabe por el paisaje espectral de la prefectura más afectada por el accidente de Fukushima, también la entereza de algunos supervivientes, que tendrán sus fracturas, sus cosas rotas, pero que desde mi mundo occidental comparo a los protagonistas de una balada irlandesa, y que me parece, entonces, que están magullados mas no rotos. En el inglés aliterativo, bruised, never broken. Lo cual me hace pensar también que, con Watanabe, el protagonista de Fractura es el tiempo. Él sí que mella.  Neuman ha sabido recomponer las piezas de la historia dejando visibles sus grietas con ese polvo de oro que en el Japón restaña subrayando las fisuras, las heridas, las cicatrices. Una excelente novela.

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