Lectura de Josep M. Rodríguez





Hay demasiado desorden en mi vida. No siempre comparecen aquí las lecturas recientes, con sus anotaciones. A menudo un libro disfrutado se queda en el limbo durante un tiempo antes de aparecer aquí. También sucede con frecuencia que no doy noticia de él nunca. Sería una pena que no recogiera algunas impresiones de lectura de Sangre seca, libro con el que Josep M. Rodríguez obtuvo el XXIV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba "Ricardo Molina". 
     Rodríguez es un estupendo poeta, como demuestra una vez más en esta colección, con epílogo nada menos que de Joan Margarit. Ha asimilado lo mejor de la tradición japonesa (¡qué buenos sus haikus!), y la capacidad de observación que acredita es muy imaginasta, como cuando escribe que unos carámbanos que cuelgan de la cornisa "son los primeros dientes del invierno". También cuando anota: "Asciende un aeroplano / y con su estela va tachando el cielo."
     Además de esa plástica capacidad de describir, tan metafórica, en Rodríguez abunda lo imaginativo, con el correlativo de lo externo y lo interior: "cuando aprendí a nadar / te llevaste la orilla." Tampoco falta lo sentencioso ("si naces fuentes, morirás desagüe", o "Si Dios existe, / escribir un poema es intentar // leer / sus labios"). Son muchos los poemas brillantes, a los que al regresar ahora muchos meses después de su primera lectura, uno les vuelve a mostrar su gratitud, su admiración. Copio íntegro este, a punto de emprender yo también un viaje:


PREPARATIVOS PARA EL VIAJE

En esta madrugada
                               son las nubes
bocadillos envueltos en papel de aluminio.
Resplandecen  
                       igual que resplandece
la pupila infantil:
dos insectos oscuros y nerviosos.

Un niño se parece a una maleta 
por llenar.

No sabe que la vida,
como esas cintas de los aeropuertos,
avanza en una sola dirección.

O que le deseo es una flor robada,
porque no dura
                         ni nos pertenece.

Me pregunto si en su interior de perla
se forma ya la sombra. 



La poesía de Josep M. Rodríguez es ajena a la prisa. Su belleza y verdad permanecen aún en este eco tan tardío.

Comentarios

Isabel Marina ha dicho que…
Querido Antonio, qué magnífica tu reseña para este gran libro. Muchas gracias, un abrazo