Un soneto antiguo



SOBRE el muro que alzó la lejanía,
ahora a la memoria absorta advienen
las muchas añoranzas que te tienen
presa de la belleza, ciudad mía.

Quizá sea mi propia fantasía,
acaso ya tus fuentes no resuenen,
mas aún oigo su eco, y se detienen
en chorro que subió de ellas un día.

Imagen ideal que la distancia
se ocupa de mentirme dulcemente,
creyendo en ella ver la antigua gloria.

Te evoco, paraíso, y eres la infancia
que vive en las esquinas de mi mente
jugando al esconder con la memoria.

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