Sucederá la flor





Jesús Montiel es uno de nuestros poetas jóvenes más interesantes. A él le parecerá que nacido en 1984 ya no lo es (hablo de la edad, no del interés) y se apesadumbrará, pero a alguien que lo supera en algo más de veinte años no se la va a dar con queso: Montiel sigue siendo joven se ponga como se ponga. Es premio Hiperión, nada menos, y cuenta ya con varios títulos en su haber. Sucederá la flor es la narración lírica, en prosa, de la grave enfermedad de su hijo de dos años, de una leucemia que superó. Por esta feliz circunstancia solo comparte algo, siendo mucho y hondo, de libros de pérdidas de hijos como son Mortal y rosa, de Francisco Umbral, o, más recientemente, La hora violeta, de Sergio del Molino, donde los padres dan testimonio de su terrible orfandad, tan sin nombre que carece de palabra que la designe en casi todas las lenguas del mundo. 
      Erika Martínez observa atinadamente en su prólogo: "Resulta insólita una atención tan concreta al cuerpo de un niño. Su apuesta sin pudor por la ternura, la delicadeza. Su capacidad para decir sin amaneramientos amor y poesía, Dios." Es un relato duro, en cuya primera página ya leemos: "Érase una vez, de pronto, tu enfermedad." Cuesta trabajo proseguir terminado el primer capítulo, pero hay un atisbo de esperanza que invita a no cerrar la puerta y continuar la lectura. Y no se arrepiente uno. De hecho, pocas páginas después encuentra esta frase: "La esperanza fue tu verdadera sangre, la verdadera quimioterapia."
     Sucederá la flor es un libro breve y muy intenso, en el que hay belleza, reflexión, rebeldía, una gran capacidad de observación y también de transformación de esta en palabra justa, ya sea sobre la sociedad, ya sobre la devastación de las almas: "Mira, ese mirlo lo explica todo mejor que yo. Hace un tiempo desapacible. Los árboles se agitan tras la ventana, duchados por una luz oblicua. Lleva diez minutos en la rama, esperando a que escampe. Pero canta. Mientras espera canta." 

Comentarios

Alfredo J Ramos ha dicho que…
Que la poesía sirva para “decir” el desconcierto y dolor que causa la enfermedad es, sin dudarlo, uno de sus más valiosos cometidos. Consolación por la comprensión y la belleza, dos acciones y un sentimiento que se unen en la lucidez del que afronta la vida sin mirar hacia otro Iago. Tu reseña incita a leer, ART. Gracias.
©SandraSánchez ha dicho que…
Tengo el libro y sé que lo disfrutaré mucho cuando lo lea, por lo que el propio Jesús ha compartido ya de él en FB (a parte de que la portada me parece de una delicadeza exquisita).
Me gusta mucho la Poesía de Jesús Montiel y sé que su prosa (en este caso poética) no me defraudará. En lo personal lo leeré un poco encogida por haber tenido que mirar muy de frente a esta enfermedad (no en mi persona pero sí en varios de mis seres queridos, entre ellos mi madre).
Saludos y gracias por la reseña Antonio.