sábado, 23 de junio de 2018

Recuerdo presente




De niño, cuando visitábamos a mis tías abuelas, yo arañaba el barniz o pintura de la mecedora, una pasta oscura que enlutaba los extremos de mis manos, como de negro estaban ellas, coronadas a su vez por la blancura. Hoy, cuando aquella mecedora ya no se balancea, y ni siquiera existirá, no sé por qué siento las pequeñas cicatrices en el brazo de aquel mueble -que dolerían no a la madera insensible, sino a las ancianas dueñas-, y aquella oscura pasta aún, huella que delata el pequeño crimen, bajo mi uña limpia.

No hay comentarios: