Recuerdo presente




De niño, cuando visitábamos a mis tías abuelas, yo arañaba el barniz o pintura de la mecedora, una pasta oscura que enlutaba los extremos de mis manos, como de negro estaban ellas, coronadas a su vez por la blancura. Hoy, cuando aquella mecedora ya no se balancea, y ni siquiera existirá, no sé por qué siento las pequeñas cicatrices en el brazo de aquel mueble -que dolerían no a la madera insensible, sino a las ancianas dueñas-, y aquella oscura pasta aún, huella que delata el pequeño crimen, bajo mi uña limpia.

Comentarios

SUSANA BENET ha dicho que…
Un pequeño detalle que guarda la memoria, breve pero intenso, relatado en pocas líneas. Me gusta. Besos,