Libros de ida y vuelta





Como los cantes del flamenco, la literatura hispanoamericana ha viajado de aquí para allá durante más de un siglo. Piensa uno en Darío y su estancia en España, pero también recuerda, por ejemplo, que José Zorrilla se trasladó a México bastante antes. Solo en el siglo XX han sido muchos los escritores de Perú, Colombia, Argentina, etc., que vinieron por diferentes motivos a nuestro país, y también muchos los españoles que obligados por la Guerra Civil fueron a aquellas naciones. Se puede hablar con propiedad de  polinización de unos y de otros. De todos ellos trata la exposición "Los nuestros. Un puente de palabras" que se puede ver estos días en Sevilla en la Fundación Cajasol. 
    Hay fotos, primeras ediciones, cartas, discos, fotografías, de muchos de los grandes de esta orilla y de aquellas (las dos orillas de allá, porque incluyo también aquí el Pacífico). Onetti, Neruda, Zambrano, Jiménez Borges, Cernuda, Lorca, García Márquez... Y siempre, en toda vitrina, una emoción, un sobrecogimiento. Por ejemplo, ante un ejemplar de la La Realidad y el Deseo de la editorial Séneca (1940). Hay también retratos estupendos de Borges y Paz (este, de mi amigo Miguel Ángel Merodio, tan generoso que me regaló un día dos números de la revista Hora de España, que conservo como oro en paño).
     He cursado dos visitas a la exposición. En la primera quedé horrorizado, y en la segunda sentí vergüenza acompañando a José Luis Martínez, director del suplemento cultural Laberinto, del diario mexicano Milenio): la cartelería de la exposición está plagada de erratas, anacolutos, gazapos. Ya sería grave en una exposición de artilugios mecánicos; en una muestra literaria resultan imperdonables. 

Comentarios