Poesía diferente





Para quien hace cierto tipo de poesía, para quien la lee, es muy provechoso enfrentarse a otras maneras poéticas que le saquen de sus casillas, de su territorio cómodo y conocido. No todo vale, es cierto, y sería absurdo decir a alguien que lee a poetas como Eloy Sánchez Rosillo, por ejemplo, que se ponga a leer en su lugar al cantautor tal o al jovencito promocionado por no sé qué concurso televisivo. Sería necedad pasar de Julia Uceda a esa premiadita en una operación penosa de mercadotecnia. Pero poeta distinto, y bueno, es Luis Eduardo García (Guadalajara, México, 1984). No todo lo que ha escrito me interesa por igual (no veo la necesidad de jugar con el poema de Li Po traducido por Pound en Cathay "La mujer del mercader del río"), pero he encontrado en él muchas virtudes, sabiamente subrayadas por Cristián Gómez Olivares en la nota introductoria a Poemas póstumos de Luis Eduardo García (Liliputienses, 2018). El cierre de ese breve prólogo es antológico, cuando dice que el autor "se parece a uno de esos delanteros que acaba de driblear al arquero y tiene todo el arco a su disposición. Y elige, por propia voluntad, echarla fuera".
     Son varios los libros de García de los que se seleccionan poemas en esta muestra, poemas que giran sobre los propios poemas, como "Coronación (trunca)", cuyo bronco epílogo no renuncia a un lirismo sui generis: "No encontrarán aquí poesía, bastardos, / sólo un par de cráneos rotos y dos cuerpos / doblados como magnolias golpeadas por el aire". Hay un elemento transgresor, juguetón, con referentes del mundo pop, manipulador, que me recuerda a otros poetas mexicanos mayores que él, como Luis Felipe Fabre o Hernán Bravo Varela. Valga como ejemplo

LA INVASIÓN DE LOS USURPADORES DE CUERPOS

Las bacterias del espacio exterior
llegan a la Tierra.

Caen con la lluvia
sobre una flor extraña.

Margo Philips corta la flor
y la lleva a casa.

El polen se adhiere a su cerebro
y la convierte en otra persona.

Así se apodera la poesía
del lenguaje.

Muchos de los poemas dialogan con otros del mismo libro. Inmediatamente a continuación del anterior viene "A la manera de Kenneth Rexroth (si Kenneth Rexroth hubiese sido una bacteria)", en el que hay un brillante juego de sustitución, donde la palabra amor es reemplazada por una larga y gratuita perífrasis. Armenia combina duros textos muy libres sobre el genocidio de ese pueblo a mano de los turcos con composiciones que tocan otros temas, como -de nuevo- la poesía. Aquí y allá el fogonazo y la turbación, como: "Estamos amarrados a las vías y el tren se acerca". Los libros de Liliputienses, que tanta atención prestan a la mejor poesía hispanoamericana, se pueden adquirir en buenas librerías o directamente en la editorial: elblogliliputiense@gmail.com


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