Campo y frío




Entre las líneas de los senderos y los versos de las páginas van discurriendo los días, todos con su pizca de asombro y su milagro, especialmente para quien vive en la ciudad. Recuerdo ahora un soneto de John Keats en que refiere su experiencia, que es la mía de ahora:


To one who has been long in city pent, 
         'Tis very sweet to look into the fair 
         And open face of heaven,—to breathe a prayer 
Full in the smile of the blue firmament. 
Who is more happy, when, with heart's content, 
         Fatigued he sinks into some pleasant lair 
         Of wavy grass, and reads a debonair 
And gentle tale of love and languishment? 
Returning home at evening, with an ear 
         Catching the notes of Philomel,—an eye 
Watching the sailing cloudlet's bright career, 
         He mourns that day so soon has glided by: 
E'en like the passage of an angel's tear 
         That falls through the clear ether silently. 

Lo traduje hace años:


A quien mucho ha morado en la ciudad, 
muy dulce le es mirar luego la pura
faz del cielo, y decir sus oraciones
a un firmamento azul que le sonríe.


¿Quién más feliz que él cuando, contento, 
se hunde fatigado en un cubil
de ondulada hierba, y lee una donosa 

aventura de amor y languideces?

Por la tarde, al volver a casa, escucha 
el son de Filomela, mientras ve
la singladura de una nubecilla,


y lamenta cuán raudo pasó el día: 
como pasa la lágrima de un ángel 
bajando el claro éter en silencio.

     Pero es en Ted Hughes en quien estamos trabajando. Hay una correspondencia entre los poemas de Hughes que traducimos estos días y nuestra vida en The Clockhouse. La naturaleza de por aquí, en Shropshire, no debe de ser muy distinta de la de su nativo Yorkshire o de la de Devon, lugares en los que vivió. El ganado, los pastos, los tractores, la lluvia, el frío, son de allí como de aquí. También, la nieve. Yendo hoy por la mañana a Clun, donde había mercado, nos sorprendió el aguanieve a mitad de camino. Dos veces se precipitó sobre nosotros, aunque no llegó a cuajar porque estábamos, creo, a un grado. Escribí sobre eso un poema que luego Júlia Lázár ha tenido la amabilidad de traducir al húngaro. Va aquí en los dos idiomas:


VISITACIÓN DE LA CELLISCA
Los ves venir
directos a tu cara.
Estos copos de nieve,
una bandada de palomas
robándote las migas
de tu calor.


VENDÉGEK
Látod, ahogy jönnek,
az arcodba csapnak.
Gomolygó pelyhek,
fehér galambok,
morzsákat lopnak,
testmeleget.


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