Neuman vuelve a la poesía




Que Andrés Neuman sea un estupendo novelista (el invierno pasado salió Fractura, de la que ya me ocupé aquí) nos hace a veces olvidar que es también un muy buen poeta (con El tobogán, por ejemplo, obtuvo el Premio Hiperión). Ahora acaba de publicar en La Bella Varsovia Vivir de oído, donde recoge poemas escritos entre Granada y Buenos Aires, sus dos ciudades, entre 2013 y 2017. No es un libro extenso. Dividido en tres secciones ("Ese viento obstinado", "Ruido de amor" y "Perro sónico"), cada una de ellas compuesta por doce poemas, Neuman muestra una vez más su inteligencia y su dominio del ritmo, ya emplee enumeraciones caóticas, poemas con reflejos, o aborde evocaciones de los antepasados, recuerdos de amigos muertos o asombros varios. 
     La "Conversación en tres tiempos" con la que se abre el volumen es una excelente tarjeta de presentación para quien lo lea por primera vez: meditación sobre el tiempo, sin patetismo, teñida de imágenes potentes e inesperadas. También sobre el tiempo, ahora con un punto elegíaco que en parte recuerda -tema universal con expresión certera- el "y se quedarán los pájaros cantando" de Juan Ramón Jiménez, es "Regreso ligeramente tardío de la hoja", con su hermoso broche: "Esta insistencia / en retener algún minuto / cuando las hojas vuelvan y yo no."
    Una página brevemente manchada (solo cinco versos) me ha servido para ver en el taller de poesía hasta qué punto el poema rompe las costuras de lo programático y deja de ser redacción o incluso literatura, sentido único, para cobrar arbórea, por multiplicada, vida propia, cuanto más suya más nuestra:

LA OTRA VÍA

Un poema no acude
a un solo andén.

En la estación que sabe demasiado
lo que quiso decir,

descarrilan los trenes.

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