Toluca



                                            Autorretrato de Juan Rulfo en el nevado de Toluca, en 1940. Archivo Juan Rulfo.



TOLUCA

Vivo retrato
de lo que somos
y, con ello, del mundo:

aterrizar aquí por un azar 
cuando ibas a otro aeropuerto
–la demasiada niebla
allí, como en tu interior–.

La aduana pasar cuando amanece 
para después marcharte
–el Nevado soñado con su nieve–,
sin haber visto nada.

Un autobús te deja 
hora y media más tarde
en esa terminal a la que ibas
de otra ciudad.

Ir a Toluca
lo mismo que a la vida, vanamente.
Tiempo perdido.

Ir a Toluca, 
como quien viaja hacia sí mismo:
a su inutilidad.

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