El sol creciente de Ernesto Frattarola






Tras Herido mármol (2014) y Uno (2015), el poeta barcelonés Ernesto Frattarola acaba de publicar Cuarto menguante, el mejor de sus libros hasta la fecha. Cada vez más depurada su voz, aun siendo siempre caja de resonancia de sus desazones y angustias, Fratarola escribe de lo quebradizo y lo frágil, de lo condenado al fracaso. Le acechan la autocompasión y un mal ramalazo de patetismo. Pero salva ese peligro y lo hace con la contención del poeta, con pericia constructiva, con dominio del verso y también autodominio. Hay aquí grandes páginas como las de "Cristal" (con ese cierre sobrecogedor, "Todo lo que se rompe me concierne"). Pero qué intensidad la de "Tuétano", uno de esos poemas en los que no sobra una sílaba y que certifica que estamos ante una verdad que se sabe expresar, llena de potencia en el derechazo que sale del cuerpo que lo lanza y que no pierde un ápice de fuerza al golpear el mentón de quien lo lee:

TUÉTANO

La muerte se pasea por mi cuerpo.

Examina el terreno.
Acaricia los huesos y los cuenta.

Toma medidas,
habla, 
yo la oigo.

Está cómoda aquí.

De algún modo, consuela
que alguien se sienta a gusto con mi cuerpo.



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