La libertad en peligro




Andreu Jaume. Letra Global


Andreu Jaume es un editor y traductor de prestigio, alguien que emplea la cabeza para pensar, no para  embestir. Jaume vivió el martes una escena de esas que cada vez son más corrientes en Cataluña. Lo cuenta así en un mensaje de correo electrónico que ha enviado a sus amigos y contactos (no a mí, que no lo conozco personalmente, aunque tengo permiso para reproducirlo). Tras saludar, y antes de despedirse, escribe esto tan preocupante como indignante:

ayer asistí a un acto organizado por el club Tocqueville --una asociación que lleva Valentí Puig-- de homenaje a la Constitución. Estaban en la mesa Alfonso Guerra, Rafael Arias Salgado, Eugeni Gay (ex magistrado del Constitucional) y Teresa Freixes. Fue en el colegio de abogados, junto a la delegación del gobierno. Todo fue bien hasta que Guerra empezó a hablar y se levantaron una treintena de personas, abogados independentistas todos, que salieron con ostensible desprecio mientras el resto del público se levantaba y aplaudía a Guerra. Luego el debate siguió sin mayores altercados. Fue, por cierto, muy interesante la charla y de mucha altura. Se habló de Kelsen y de Schmitt. Se revelaron detalles de la elaboración del texto constitucional, se lo comparó con el de otros países (se comentó por cierto un detalle que no sabía: nuestra Constitución no tiene ningún artículo intangible, a diferencia de la francesa o la alemana, donde hay una veintena de artículos que no se pueden tocar nunca, relativos algunos a la integridad territorial) y se cerró con una emocionada defensa del pacto de 1978. Al terminar, salí de los primeros y afuera nos esperaba una jauría vociferante que coreaba sus sólitos pareados idiotas. Al estar al lado de la delegación del gobierno, estaba lleno de policía, por suerte. Pasé solo por delante de ellos y vi sus caras vacías y llenas de odio. Creo que nunca había sentido tanto odio en mi vida. Más que gritar ladraban, mientras me señalaban y me llamaban "facha de medra", "fill de puta". Me encaré con ellos y les dije con una gran sonrisa y sine ira et studio: "Visca la Constitució". En catalán, mi lengua materna. Subió el volumen de los insultos. Fueron llegando más matones, todos gritando y coreando. La verdad es que, no sé por qué extraña seguridad interior, no tuve miedo, pero sí algo parecido al asco, como una náusea. Esas caras. Los ojos vacíos y duros del odio. La palabra que ya no es palabra. Me acordé de lo que decía Jeanne Hersch de que el totalitarismo se contagia por el cuerpo. En fin. Nihil novum, diréis con razón, pero yo al menos eso nunca lo había vivido con tanta crudeza. Creo que estamos a un paso del desastre social. Ayer supe también que el conseller de interior había sido ¡portero de discoteca en Badalona! Tenemos por tanto a un ex portero de discoteca al frente de los mossos, a quienes desautoriza públicamente, mientras su jefe, el señor Torra, habla ya de la vía eslovena, imaginando muertos en las calles. En mi opinión, el Estado no puede dejarnos más tiempo a los ciudadanos de Cataluña desamparados. Hoy ya puede ser demasiado tarde. 

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