En la muerte de Claudio López de Lamadrid




Foto "robada" que me hizo Claudio López de Lamadrid en 2017
durante la FIL de Guadalajara


No puedo creerlo. Nos veíamos a diario en el desayuno durante la FIL de Guadalajara, hace seis semanas. Se levantaba temprano y leía y trabajaba en la cafetería. A menudo éramos los únicos a esa hora tan de jet lag. Hablábamos. Él solía quedarse hasta el miércoles o el jueves y luego seguía viaje, siempre atareado en la gestión del gran grupo editorial y atendiendo a los autores más destacados o a sus herederos. Amaba la poesía. Lo recuerdo escuchando con devoción a Charles Simic o a Nuno Júdice. Siempre hacía esos selfies en los que el importante era el otro y él aparecía casi fuera de plano, intruso, irónico. Hace unas horas, menos de un día, le dio un "me gusta" a un comentario jocoso que hice a una foto en la que estaba comiendo con colaboradores y amigos allá y entonces, en México. Me habría gustado aprender de él. Se va un grande de la edición. Descanse en paz.

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