Sin engaño





José Luis Rodríguez Ojeda es autor de una obra amplia, lo mismo en letras flamencas que en libros de poesía. Con uno de ellos obtuvo un accésit del sevillano Premio Luis Cernuda, y hay no poco de este en sus versos, como también de otros poetas sevillanos. No se engañe nadie (Anantes, 2019) es el más reciente de sus títulos. Sigue por el camino ya recorrido, pero se puede decir que profundiza en él, dejando cada vez más honda huella.
      "Relectura" es un excelente homenaje a Javier Salvago, pero también hay otro magnífico tributo a Antonio y Manuel Machado (ya adelantado en la revista Estación Poesía), que marca además la tendencia a la conciliación, a la coincidentia oppositorum, de Rodríguez Ojeda. Este poema, "Y tan lejos y tan cerca..." concluye:

Dejemos la cantinela
de la buena y mala fe...
de las dos Españas..., hondo
Antonio y trivial Manuel...
Dos almas, las dos muy hondas,
con su haz y con su envés.

Cuánto Manuel en Antonio
y cuánto Antonio en Manuel.

     Esa misma idea de superar enfrentamientos aparece meridiana en "Reconciliación nacional", donde dos viejos amigos, procedentes de familias que chocaron durante la Guerra Civil, deponen sus diferencias al calor del flamenco y del sentido del humor. Como en tantas otras composiciones despunta aquí un tono elegíaco.
     Mencioné a Cernuda. Ya al comienzo del libro reverbera este en un poema que tiene mucho que ver con Ocnos: "Muy pronto, niño aún, / el alma predispuesta / a ciertos sentimientos." También aparece, pero ya directamente mencionado, el autor de La realidad y el Deseo en "Victor Hugo y Luis Cernuda", donde se recrea hábilmente una anécdota desdoblada en la parisina plaza de los Vosgos y en la hispalense calle de Aire.
     También está presente Blas de Otero en un poema que, como otros, se ocupa de la realidad presente, ya sea la corrupción política o la decadencia de las canciones. Muestra de lo primero es "La chusma cortesana"; de lo segundo, "Cancioneros". Del carácter sevillano da cuenta la décima (forma muy apropiada para la sátira) de "Aspiración", y aún hay algunos ejemplos críticos más, como el muy logrado, en forma y fondo, "Ripios". 
     Se aprecia un tono de prosaísmo predominante, de lenguaje discursivo o coloquial, a menudo siguiendo el hilo de la narración, en la poesía de Rodríguez Ojeda. No es demérito, porque ello viene equilibrado por una musicalidad más que notable que en todo momento es grata y recuerda la tradición de la que procede el poeta y en la cual se encuadra él mismo: en el enunciado del recordado Fernando Ortiz, "la estirpe de Bécquer". No distingue nuestro autor la escritura de la vida, así resuelve en el soneto "Escribir o vivir" que, frente al dilema de si una cosa u otra, "Escribir y vivir. Sin más cuestión."
     Ambas cosas hace bien José Luis Rodríguez Ojeda.

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