Secuestro



La poesía es un secuestro.

Te rapta
y, paradójica como es ella,
paga el rescate.

Mata lo que no merece vivir
y salva de la muerte
–siempre sus chivatazos al oído–
cuanto va a ser asesinado.

Insospechada llega cuando quiere,
agazapada tras la sombra de una farola,
de sí misma escondida
con la ingenuidad de un niño tras el babero,
y te arranca, te narcotiza, 
te amarra,
te pone su mordaza para que, siendo suyo,
puedas hablar como no has hecho nunca
y cantes dónde estás,

en qué sótano te esconde,
bajo qué falso muro.
Te llama por la noche con voz entrecortada
que un sucio pañuelo distorsiona,
cuidadito con irte de la lengua,
te enviaré un pulgar, una oreja.
Ven solo, solo, solo.

Luego, ella misma corre con sirenas
en que ulula su nombre, tu silencio,
y derriba la puerta 
en que te tiene retenido.

Comentarios

siroco-encuentrosyamistad ha dicho que…
Tema manido, no por ello excelentemente narrado, tu voz poética es potente, enhorabuena Antonio