VUELCO





              In memoriam Antonio Cabrera


En el lebrillo, va el aceite
dorando las patatas y, picado,
el tomate ilumina el palimpsesto,
hermano del atún y la cebolla.
La sal besa el vinagre, da el orégano
envidia de verdor a la aceituna.
Cuchara y tenedor vuelven al árbol
en que eran un tronco indivisible
y bailan bajo el viento de las manos.
Imposible pensar que en este instante
alguien pueda morir,
imposible que ahora
exista algo distinto a la sencilla
integración del ser, y que alguien parta
con esta luz al fondo de la tierra.
Los límites de todo se confunden
con todo y ya las formas se amalgaman
en la unidad. Un hombre muere
cuando todo empujaba hacia la vida. 
Se apaga el apetito, la receta
la borra este mensaje: condimenta
con amargura el brillo del aliño
de pronto mate, rancio, oscuro, insípido.
Un hombre muere, y muere el universo
en un vuelco fatal.
A la velocidad de las tinieblas,
nos llega la noticia de su estrago.

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