Yesterday





Tenía alguna referencia del original guion de la película, y Carlos Boyero ayer, desde su crítica de El País, reafirmaba sus excelencias, sin eludir alguna de sus comprensibles debilidades (el final feliz de fábula, pero precisamente consecuente con el género de comedia romántica al que pertenece).
            Todo el largometraje se basa en un detalle tan inverosímil como bien llevado aquí en su realización: que tras un apagón mundial de doce segundos no quede memoria de los Beatles (luego se verá que tampoco de algunas otras cosas) y que un cantante de medio pelo, atropellado durante el apagón cuando montaba en bicicleta, recuerde, uno contra el universo, al grupo de Liverpool, haciendo pasar por propio su repertorio. Tendrá algo que ver en ello que perdiera el conocimiento tras el accidente 
            El director Danny Boyle (que tiene casi nombre de canción irlandesa) filma y firma una de sus mejores películas, si no la más redonda. En ello tiene mucho que ver, como ya adelantara, el guion de Richard Curtis a partir de un relato de Jack Barth. Hay que recordar que Curtis fue el guionista de la muy taquillera y con encanto Love Actually. También de Cuatro bodas y un funeral, que a muchos hizo descubrir a Auden en su “Funeral Blues”.
            Yo sí tengo memoria de los Beatles. De hecho, recuerdo perfectamente cuando la televisión anunció que el grupo se separaba. Eran imágenes en blanco y negro naturalmente (primavera de 1970), y antes o después de las palabras del locutor, y seguramente como fondo de ellas, una canción de una melancolía que ni anatómicamente estudiada por Robert Burton. Se trataba de “Yesterday”, una obra maestra de Paul McCartney que -ya lo tengo escrito en otro lugar- al correr los años descubrí que se le había presentado en un sueño, como a Coleridge su poema “Kubla Khan”. 
            Estoy seguro de haber escuchado antes “Yellow Submarine”, en inglés o en su adaptación española, pero “Yesterday” supuso, creo, un antes y un después: adquirir conciencia de la belleza de lo que desaparece y el valor, aliado a la música, de la elegía.
            Coleridge nos ofreció una gran riqueza con su poema trunco, que estaba transcribiendo cuando alguien llegó y al distraerlo hizo que parte del poema se regresara al sueño del que había venido. Esa desmemoria me recuerda los versos con los que Borges abre su soneto “El sueño”: 

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

Se pasa un buen rato viendo Yesterday, con la audición de muchas de las canciones de los Beatles oídas como si fueran nuevas. Y la trama genera algo que cada vez, esquinados como nos vamos volviendo, en un mundo en que todo es hostil a todo e inarmónico, se ha convertido en una rareza: la simpatía. Lo que se cuenta es un sueño, un imposible, lo sé. Pero un compatriota de los Beatles ya dejó escrito para las tablas: “Somos de la materia de la que están hechos los sueños”.

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