Confirmación de Mario Vega



(Fotografía del autor)


De entre los poetas jóvenes españoles, Mario Vega es uno de los más maduros y de decir más sereno. Maestro de escuela, parece serlo también de la vida, y su decir armónico y de dicción clásica descuella y alcanza una gran calidad que comienza a ser reconocida más allá de su Asturias natal. Hace varias semanas era noticia su obtención del Premio València Nova, que concede la Institución Alfons el Magnànim. No sé ahora la dotación económica del premio -deseo que la mayor-, pero sí que este conlleva la edición en Hiperión, lo cual no es ninguna tontería. También en fechas recientes he leído la plaquette de Mario Vega Dudoso silencio ("Colección Heracles y Nosotros", Gijón, 2019), y he vuelto a disfrutar de su poesía. Siendo tan joven, dialoga con la vejez y hasta con la muerte (parece que una de las características de aquella enfermedad pasajera es cultivar temas graves, que no corresponderían a la sazón gozada si no fuera porque esta es siempre, en los poetas, conscientes de su carácter efímero y de su vulnerabilidad). 
     "Dudoso silencio", el poema final y que otorga título al libro, habla del descreimiento de la poesía y del trajín literario. Bien está cierta reserva y desconfiar. Pero orgulloso debe estar el autor de estos versos lapidarios:

ANTE LA TUMBA DEL CUERPO AMADO

La vida no es como nos la contaron,
porque vivir es siempre estar en guerra
y morir duele menos.
Y el que apostó al amor, desconociendo
cómo pasan los días
paga cara su farsa.
De su desprecio quedan calles tristes
y una ciudad distante como un domingo inglés.
No se puede servir a dos tiranos
que ofrecen como don y maldición
sombras de la memoria.

Si algo de este dolor puede llegarte 
escúchame y prosigue tu aventura
siendo ceniza al viento o la brasa enterrada.
Yo permanezco aquí
inmóvil, silencioso, inmerecido.

Tú cada vez más lejos de la muerte,
yo cada vez más lejos de la vida.

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