Olga Tokarczuk






Media hora después del anuncio de la concesión del Nobel de 2018, ya había publicado este poema-impromptu en mi cuenta de Facebook:


Han concedido el Premio Nobel de Literatura
a una escritora de mi edad, año más o menos.
No sé cómo se dice año en polaco,
y acaso ella no sepa
cómo se dice esa palabra en español.
Un cheque cuantioso, traducciones,
invitaciones a conferencias, giras, doctorados h-
onoris causa, cuántas cosas me he perdido
no siendo Olga Tokarczuk, mi coetánea.
Pero la literatura se hace con la experiencia propia
y esa enajenación de imaginar,
e imagino que yo podría ser Olga Tokarczuk,
pero de inmediato lo descarto:
adiós discursos y dólares, nunca más
regresar a Estocolmo,
porque de ser ella habría escrito
sus obras maestras, las suyas,
y no los libros míos en mi lengua
que ella seguramente desconoce,
con todas las razones que me premian,
ellas sí, sin falta, cada día,
único, isla secreta, diferente.
Castigo o premio, uno es,
en silencio o locuaz, tan solo él mismo.
Felicitaciones, Olga Tokarczuk,
no por el Nobel, estimada amiga:
por no ser yo.

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