Por soleares





En Canto y Cuento, la colección de poesía que dirige José Mateos, se ha publicado Con todas las de perder, ciento doce soleares de Víctor Jiménez seleccionadas por José Luis Rodríguez Ojeda. La hermosa edición va acompañada de collages de Juan Lamillar y de un prólogo de Antonio García Barbeito. Como se ve, muy buenos mimbres para conseguir el interés y el disfrute del lector.
            Víctor Jiménez (Sevilla, 1957) posee dos grandes dones, necesarios para hacer buena poesía: un oído infalible y una mirada capaz de extraer materia de emoción ya sea en lo que el ojo ve de inmediato, en el presente, ya en el pasado como memoria viva que no se puede decir que haya dejado de ser en tanto que la voz exorciza la bruma y le da el aliento que, con respiración boca a boca, la mantiene respirando, reverberando en las páginas. Ambas virtudes se hallan en las soleares aquí recogidas (un puñado de ellas procedentes de los muy recomendables libros anteriores de Jiménez, y el grueso inéditas).
            Una soleá es una unidad de sentido, que se percibe o intuye abocada a su conclusión desde la palabra con la que se cierra el primer verso, que rimará, se sabe, con la última del tercero. Hay algo aquí de vaticinio por parte del lector (o del público cuando la soleá es cantada por un flamenco), trasladada a él esa condición profética atribuida al poeta, al vate, aunque sea en el breve lapso de unas sílabas. Pero aunque las soleares se basten a sí mismas, por separado, juntas crean un sentido superior, como un liedagrupado en una unidad temática integra un ciclo. Esto es más que notable en la primera parte, “Esa edad que me sostiene”, dedicada a la infancia y su escenario, el barrio de San Bernardo de Sevilla. 
            Se hilvanan así las soleares y una se apoya en la otra, con vigas maestras como esta:

El puente sobre las vías.
Bajo las vías, el túnel.
Luces y sombras: la vida.

La siguiente no es menos certera, en su concisa capacidad de recoger el poder del pasado en quien recuerda (Jiménez aquí es de la estirpe del Ocnosde Luis Cernuda y de Los años irreparablesde Rafael Montesinos):

            Artillero fue este barrio.
Y las balas del recuerdo
aún siguen dando en el blanco.

Pero no este el único tema: se entremezclan con él el amoroso, el de la propia poesía, el del trascurso del tiempo y su amenaza última... El género no está exento de un punto de humor negro, muy bien resuelto en esta otra composición:

Las vueltas que da la muerte.
Ayer pasaba de largo 
y hoy ya quiere conocerme. 

Los collages de Lamillar son también poesía, y con sus títulos sugerentes (“Asalto salomónico”, “La solemnidad del desnudo”, “Brindis intemporal”) dialogan con los poemas en versos de Jiménez logrando un libro armónico al que corresponde por derecho el sintagma memorable de Keats: a thing of beauty.

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