Abrir el cuaderno de la infancia





Francisco Gallardo ha dado siempre pruebas de una prosa cuidada muy bien dirigida a su placer de contar narraciones de envergadura como las que hasta ahora componían su bibliografía: las novelas El rock de la calle Feria (finalista del Premio Tigre Juan), La última noche (Premio Ateneo de Novela Histórica) y Áspera seda de la muerte (Premio de Novela Ciudad de Badajoz).
     El libro más reciente de Gallardo es, no obstante, una colección de estampas de una suerte de tiempo sin tiempo: la infancia del niño, sus idas y venidas por un barrio escueto al alcance de la mano, la conversión de él mismo en protagonista de una hermosa memoria. Sin preciosismos barrocos ni sensiblerías, el autor nos ha entregado una joya de libro en el que los poemas en prosa, porque genuinamente lo son, se complementan con varias decenas de fotografías en blanco y negro que recogen aquella época, fijada en el recuerdo tanto como en los negativos.
     Continuamente el lector se topa con líneas y párrafos enteros que lo interpelan y se le quedan reverberando. Un ejemplo: "Lo contrario a la infancia es la quietud. Si los niños no se mueven se atasca el mundo". Otro: "Un hermano es un espejo desenfocado". 
     Gallardo sabe que en este género de la introspección infantil pisa el terreno de Ocnos de Cernuda, su paisano. Con modestia, no trata de emularlo sino de contar su experiencia personal, que será también la de otros que compartieron los mismos tiempos si no los mismos espacios. Y aquí y allá la paradoja, hermana del asombro y territorio de los primeros años (aquellos "años irreparables" de Rafael Montesinos): "La plaza, entonces, estaba menos iluminada pero era más luminosa".
     Un libro muy recomendable, este Cuaderno de San Lorenzo que evita el tópico y se queda con la magia, expresada con las mejores palabras y la cortesía de la brevedad. Yo he disfrutado de él, con su tiempo viejo de los cinco años e impreso tal vez no con tinta sino con el elixir de poder regresar a un ayer que es, en las páginas, hoy.

Comentarios