ANTONIO RIVERO TARAVILLO
4 POEMAS
IMPROMPTU
Estoy en la sala de las libaciones.
Antes de pagar el tributo,
mientras viene otra pinta y me destrozo
el hígado, como una flota vikinga
un puerto de la costa de Northumbria,
garabateo unos versos en la página
satinada en que Cambridge University Press
da sus novedades sobre “Anglo-Saxon England”.
Apurando los últimos sorbos
veo que Los Himnos de la Iglesia Anglosajona
(un estudio y edición del Himnario de Durham)
acaba de salir. Ya publicados
o en ediciones de rústica flamante,
dos apócrifos en inglés antiguo
y su fuente manuscrita. La rubia
camarera trae mi vaso y se lleva
muy lejos mi corazón: a su alma
de doncella del siglo IX.
Me hiere
la absurda realidad cuando cruzo la puerta.
LOS PASEANTES
De ocho a tres trabajan; por la tarde,
sacan su ocio al jardín o a nuevas obras.
O con lenta demora, paseando,
doran la tez junto a lustrosos perros.
Los trasluce mi seto ralo, el aire
de finales de mayo, los barrotes
del largo ventanal sin más cortina
que esta niebla cansada ante los ojos.
Me ven con mis juguetes —estos graves
diccionarios y los libros de notas—,
perdida la mirada en un azul
en el que adivino un bando de sílabas.
Me miran con furtiva indiferencia:
bicho raro que no ruge ni salta,
un hombre que está en su jaula del zoo.
Mejores son los tigres y los monos.
AVISPAS
Ya desaparecido
un arco iris a escala
de nuestro exiguo mundo,
queda el zumbón veneno
de lo imposible hecho realidad
por nuestra hybris.
Como algo artificial, la coincidencia
de una hierba empapada
con un sol rutilante,
la borrasca y el anticiclón,
y en todo ello el prodigio
que mana de un agua de riego
en la siesta estival.
Es la hora verdeluz de las avispas
en el jardín del hombre.
Flamígeras espadas
o aguijones lo expulsan.
EL LIBRO DE LA VIDA
Entre estas tapas
que dos fechas borrosas delimitan,
completos y aun parece
que les falte una entrega,
la larga colección de los fascículos
que son tus años.
Con polvo en el estante, inútil sombra,
ni pasto de polillas tan siquiera,
entre las pastas sucias de tus días,
la Gran Enciclopedia de la Nada.
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