MÉXICO
Nunca estuve en México, nunca
dejé de estar aquí –allí–:
este país en que nació mi madre,
la patria mía, mi linaje, mi estirpe.
Siempre estuve en México. Ahora
es por eso que vuelvo, que regreso,
y no hallo la ciudad que ya no existe,
que es recuerdo que yace con ella en otra tierra
de la que me elevo en avión, sobrevolando
la memoria del niño
que soñaba con México y su nombre,
el presente del hombre que soñara el niño,
el retorno a la patria, a la madre,
que no es posible en el hoy
aquí –allí–,
y en el ayer tampoco.
TLAQUEPAQUE
Para Paco Robles y Juan Lamillar
Llámalo satori o bien acorde.
Suspenso en Tlaquepaque, el mediodía
es la vasta región, tan diminuta,
que cobija la mano. En este patio
a quince horas de vuelo del hogar,
la paz se vierte como el vino,
la charla, la amistad, el sol, la risa,
la siesta en los umbríos soportales
detrás de la cancela franqueada.
El tiempo no transcurre. Ya es de noche
en ese allí que aquí la luz abole.
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