No pensaba yo comentar por escrito La manía, el más reciente de los diarios de Trapiello. Y no por desprecio a él o a su libro, ni mucho menos, sino justamente por lo contrario. Ya le había dedicado algunas páginas a ese Salón de pasos perdidos suyo y nuestro que llevamos quince años leyendo sin desmayo, y no es cosa de repetirse. Él puede estar tres lustros publicando esos maravillosos libros, cada vez más caudalosos, y uno leerlos, pero de ahí a glosarlos todos y cada uno de ellos, como un funcionario... Y sin embargo, no me resisto ahora a dejar aquí el breve testimonio de mi agradecimiento a Trapiello y a ese ciclo diarístico suyo, que ya ha llenado un tercio de nuestra vida. Que se ha hecho inseparable de ella.
La manía es, en mi opinión, una de las mejores entregas de la serie; o al menos, reciente su lectura, así me lo ha parecido, y aún me estoy relamiendo de gusto. Han desaparecido ya los chispazos en la estela de las greguerías y los aforismos (quien quiera un amplio repertorio de éstos puede saciarse con El arca de las palabras, de 2006), pero se mantienen casi todas las características conocidas, acrecentadas en sabiduría y madurez. Un pleito por llamar “completo idiota” a alguien en una página ajena a los diarios (donde una X le habría eximido de toda culpa), unos paseos venecianos (desternillante la visita a la fábrica de cristal), dimes y diretes con otros escritores, camafeos de una ministra pasada y otro ministro presente, el locus amoenus de Las Viñas... Se beben con sumo gusto las páginas, y las más de ochocientas se hacen breves. El humor de Trapiello se ha ido afilando, afinando, y hoy, además de uno de los mejores escritores de España, puede afirmarse, con una sonrisa que perdura, que es también uno de los más divertidos.
La manía es, en mi opinión, una de las mejores entregas de la serie; o al menos, reciente su lectura, así me lo ha parecido, y aún me estoy relamiendo de gusto. Han desaparecido ya los chispazos en la estela de las greguerías y los aforismos (quien quiera un amplio repertorio de éstos puede saciarse con El arca de las palabras, de 2006), pero se mantienen casi todas las características conocidas, acrecentadas en sabiduría y madurez. Un pleito por llamar “completo idiota” a alguien en una página ajena a los diarios (donde una X le habría eximido de toda culpa), unos paseos venecianos (desternillante la visita a la fábrica de cristal), dimes y diretes con otros escritores, camafeos de una ministra pasada y otro ministro presente, el locus amoenus de Las Viñas... Se beben con sumo gusto las páginas, y las más de ochocientas se hacen breves. El humor de Trapiello se ha ido afilando, afinando, y hoy, además de uno de los mejores escritores de España, puede afirmarse, con una sonrisa que perdura, que es también uno de los más divertidos.
Comentarios
http://tropicodelamancha.blogspot.com