
La afición al fútbol y a los energúmenos de las gradas me resulta ajena, y también lejanos ya los tiempos en los que me codeé, y choqué a veces, con aprendices de pistolero en el instituto o en las calles de Sevilla, durante la transición y los primeros años de la democracia. Por tanto, lo del ultra se limita a lo literario, al ultraísmo, y a un volumen homenaje publicado por el Ateneo de Sevilla. En él colaboramos varias decenas de poetas, y para la ocasión rescaté un poema antiguo, que, pluriempleado, también ficha en el blog y resuelve la jornada de hoy. Helo aquí:
MUJER-POESÍA
Yo marco la cesura entre tus piernas,
tus largos hemistiquios, los acentos
que ritman con los míos; nos unimos
en dulce sinalefa que nos lleva
hasta un lugar distinto y sin lenguaje,
allí donde el lenguaje se hace lenguas
y choque de la carne enmudecida.
Yo marco la cesura entre tus piernas,
tus largos hemistiquios, los acentos
que ritman con los míos; nos unimos
en dulce sinalefa que nos lleva
hasta un lugar distinto y sin lenguaje,
allí donde el lenguaje se hace lenguas
y choque de la carne enmudecida.
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