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La hija menor sale de la casa, cruza la calle y por la acera opuesta se deja seguir por un joven que, doblada la esquina, resulta ser un leopardo. La hija se da la vuelta, y cerciorándose de que no viene detrás ninguna otra bestia comienza a recitarle salmos y bienaventuranzas que el leopardo repite en su interior. Así pasan las horas hasta que, a la caída de la tarde, la hija emprende regreso a casa, rotas sus enaguas y su satén manchado. Desde la esquina al frío edifico que es la casa, un joven, distinto al de la mañana, camina unos pasos detrás de la muchacha. Al llegar al portal se besan, y el padre, desde el alto ventanal de su gabinete, interrumpe por un momento con los ojos inyectados de ira su letanía de bienaventuranzas y salmos. La doncella, desnuda de cintura para arriba, prosigue con sus rezos.
La hija menor sale de la casa, cruza la calle y por la acera opuesta se deja seguir por un joven que, doblada la esquina, resulta ser un leopardo. La hija se da la vuelta, y cerciorándose de que no viene detrás ninguna otra bestia comienza a recitarle salmos y bienaventuranzas que el leopardo repite en su interior. Así pasan las horas hasta que, a la caída de la tarde, la hija emprende regreso a casa, rotas sus enaguas y su satén manchado. Desde la esquina al frío edifico que es la casa, un joven, distinto al de la mañana, camina unos pasos detrás de la muchacha. Al llegar al portal se besan, y el padre, desde el alto ventanal de su gabinete, interrumpe por un momento con los ojos inyectados de ira su letanía de bienaventuranzas y salmos. La doncella, desnuda de cintura para arriba, prosigue con sus rezos.
Comentarios
Estupendos!!!, ya te dije que me encantan tus microrrelatos.