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Lenta y aplicadamente, una mujer cuyo rostro se parece a la luna va lamiendo la espalda de un joven acostado. Va escribiendo letras con saliva, sílabas con saliva, palabras con saliva que el hombre va leyendo con los ojos cerrados. Ella escribe oralmente, y él escucha sin vista. Sólo un jadeo se oye en la habitación vacía al lado. En la que ellos están sólo pena el silencio.
Lenta y aplicadamente, una mujer cuyo rostro se parece a la luna va lamiendo la espalda de un joven acostado. Va escribiendo letras con saliva, sílabas con saliva, palabras con saliva que el hombre va leyendo con los ojos cerrados. Ella escribe oralmente, y él escucha sin vista. Sólo un jadeo se oye en la habitación vacía al lado. En la que ellos están sólo pena el silencio.
Comentarios
El final me parece muy muy bello.